Diario de viaje de Li Li
Capítulo ILa vida es una aventura.
Eso es lo que una vez el tío Chen me dijo en una carta. Es un sabio consejo, pero mi padre, Chon Po, no lo ve así. Dice que malgasto mi tiempo soñando con el mundo exterior, y que ignoro toda la belleza y maravillas de La Isla Errante. No podría estar más equivocado: me encanta el lugar del que procedo.
Esa es la razón de ser de este diario. Me he dado cuenta de que, si alguna vez llego a ser una gran exploradora como el tío Chen, necesito empezar a escribir sobre mis propias aventuras, igual que hace él. ¿Por qué no comenzar por mi propio hogar? Puede que mi libro termine en El Gran Archivo, junto a las misivas del tío Chen. Mejor aún: ¡puede que, algún día, la gente de la Ciudad de Ventormenta, Orgrimmar, o de otras tierras lejanas, acabe leyendo y conociendo a mis congéneres, nuestra cultura y todo lo que hace que este lugar sea tan maravilloso!
Lo primero es lo primero: una introducción. Nací en la Gran Tortuga, Shen-zin Su, también conocida como La Isla Errante. Hoy en día, muchos de los pandaren de este lugar se limitan a sentarse a ver pasar el tiempo y a contar las mismas historias, pero no siempre fue así. Nuestros ancestros llevaban la aventura en la sangre. ¡Para ellos, cada día en la isla era una oportunidad para descubrir cosas nuevas y fraguar nuevas historias!
Mientras escribo esto, el tío Chen está prosiguiendo con esa tradición en algún lugar del mundo, pero él no es el único. Yo también he sentido la llamada de la filosofía del viajero, justo aquí, en casa, ¡y ya era hora de que me dejase llevar!
Me llamo Li Li Cerveza de Trueno, y esto es La Isla Errante.
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Capítulo Uno: Repasando lo básico
Decidí explorar mi hogar a través de la filosofía del viajero, una filosofía sobre la cual el tío Chen ha escrito mucho. Básicamente consiste en afrontar cada viaje paso a paso, observando todo lo que hay a tu alrededor, hablando con todo aquel con el que te encuentres y sumergiéndote en cada uno de los detalles.
Tras pensarlo largo y tendido, comencé mi viaje por Shen-zin Su donde empecé a conocer la historia de la isla: El Puente del Amanecer. Este enorme puente de piedra se extiende a lo largo de altas colinas cerca del centro de la isla. Desde el punto más alto del puente se puede ver al completo el verde Bosque Pei-Wu, al sur. ¡La vista desde aquí te deja sin aliento!
Pero no fui allí por el paisaje. Me dirigía a una pequeña aula situada bajo el puente. Ahí es donde la mayor parte de los cachorros aprenden sobre Liu Lang, el primer pandaren explorador (aunque yo supe de él por primera vez a través del tío Chen). La cómoda estancia al aire libre estaba llena de pequeños cachorros que escuchaban la historia de Liu Lang de boca de un par de eremitas. Tomé asiento y cerré los ojos, intentando imaginar que la estaba escuchando por primera vez.
¡Escuchar la historia de Liu Lang hizo que creyese que todo era posible! Inspirada, atravesé el puente en dirección al Templo de los Cinco Albores, una brillante torre en el centro de la isla. Entrar en ese gigantesco edificio es como entrar en un mundo totalmente diferente. La lluvia caía a chorros desde el techo; una suave brisa tiraba de mi ropa; y, aunque hacía frío fuera, el aire del interior era tan cálido como el de un día de verano.
Los eremitas dicen que Shen-zin Su y el templo fueron aumentando su tamaño de manera conjunta, como si el edificio formase parte de la Gran Tortuga. Se trata de un lugar sagrado, y hay una buena razón para ello. El templo es el hogar de los cuatro antiguos espíritus de la tierra: Shu (agua), Wugou (tierra), Huo (fuego) y Dafeng (aire). Mientras todos ellos estén sanos y salvos el clima permanece en calma y las estaciones se suceden unas a otras como deben.
El templo está lleno de sabios proverbios y raras baratijas, pero lo que más me interesaba era la estatua de Liu Lang presente en el primer piso. Mientras la observaba, pensé en todas las grandes cosas que Liu había conseguido. ¡Hacía falta echarle valor para hacer todo eso! La aventura debía de haberlo seguido a cada paso que daba, incluso en casa.
Me topé con el maestro Shang Xi cuando ya me estaba yendo. Es una persona muy reconocida en la zona, un pandaren realmente noble y valiente que educa tanto a jóvenes como a mayores. He perdido la cuenta de las veces que me he metido en problemas con Shang, pero siempre se ha mostrado bastante magnánimo (excepto ese día en el que preparé su té con agua corrompida procedente de los estanques malditos). Sea como sea, estaba de buen humor, así que lo asalté con varias preguntas que me habían estado atribulando: ¿Qué haría Liu Lang si estuviera vivo? ¿Dónde encontraría él aventuras en la isla?
—¿Por qué no le preguntas? respondió el maestro Xi, apuntando a la estatua. No había pensado en eso, así que probé a ver qué sucedía. No esperaba realmente recibir una respuesta. ¡Pero obtuve una!
Shu debía haber estado escuchando. El pequeño espíritu saltó sobre los hombros de Liu Lang y lanzó una buena cantidad de agua que salpicó el suelo. Tras un instante, el charco se movió. Se dispersó por la entrada del templo como si tuviese vida propia, y entonces bajó a saltos La Escalera del Albor hacia el exterior.
Seguí al agua tan rápido como pude hasta que alcancé el ancho valle al norte del templo. Nunca pregunté al agua a dónde se dirigía; eso habría arruinado el factor sorpresa. ¡Al igual que Chen, me estaba tomando el viaje paso a paso!
