Misión en Pandaria
Primera parte—… Y justo cuando el tranvía comenzó a subir, ¡ese feo goblin verde saltó sobre mí! —Li Li Cerveza de Trueno retorció los dedos cerca de su cara utilizando su mejor y más exagerada imitación de un goblin gruñendo. Se inclinó hacia el grupo del resto de pandaren, diseminados en la ladera de la colina, deseando que la prestaran atención.
Una joven rodó sobre sí misma y comenzó a roncar estrepitosamente. Comenzó a caer saliva por uno de los extremos de su boca, humedeciendo el blanco pelaje de su mejilla. Otro alzó la cabeza, y los negros anillos que rodeaban sus ojos sobresalieron brevemente por encima de su libro, antes de volver a perderse de vista. Alguien más bostezó sin siquiera disimular. Alrededor de Li Li el aburrimiento era visible en la expresión de todo pandaren lo suficientemente cercano como para escucharla. Incluso su propio hermano, Shisai, la ignoraba de manera decidida, recogiendo briznas de hierba y haciendo nudos con ellas.
—Pero le propiné una patada a ese goblin en todo el pecho, y salió volando del coche y se estrelló contra un muro. ¡Y explotó! ¡Bum!
Alguien tosió.
—Vale, fue su poción lo que explotó —se corrigió Li Li, alzando la voz—, ¡pero fue realmente alucinante!
—Sí, ya lo sabemos, Li Li —dijo un cachorro de manera ausente mientras hacía dibujos en el suelo con el dedo—. Nos lo has contado un chorrillón de veces.
—Chen, ¿por qué no nos cuentas tú una historia? —preguntó otro cachorro.
—¿Eh? —Chen alzó la vista desde donde estaba sentado disponiendo unas jarras de barro sobre un mantel, al lado de las ramas de un gran magnolio. Sus ramas filtraban la luz del atardecer, y formaban doradas manchas sobre un gran grupo de pandaren que estaban haciendo un picnic. En ese cálido día, prácticamente perfecto, casi todos habían decidido pasar el tiempo escalando la mayor ladera de la imponente estructura del Shen-zin Su para disfrutar del sol.
—¡Cuéntanos lo del concurso de bebida contra cuatro enanos en el Pico Nidal!
—¡Eh, que os estaba hablando! —terció Li Li, claramente disgustada—. Cuando estaba en Forjaz conseguí ver al rey Magni, y…
El cachorro tornó sus ojos en blanco. —¡Li Li, vale ya de hablar sobre el rey Magni! ¡Queremos escuchar a Chen!
Li Li resopló, con la mirada llena de odio, y abrió la boca para proceder a la réplica.
—Eh, vamos, Li Li tiene un montón de historias buenas —dijo Chen, intercediendo—. Sea como sea, te equivocas en algo, joven pandowan. —Chen guiñó el ojo a todos los presentes en busca de complicidad—. No eran cuatro enanos. Eran cinco —El resto de cachorros sonrieron en señal de apreciación, pero Li Li frunció el ceño. Chen no pareció darse cuenta, pues prosiguió con su historia—. Y hablando de bebida, estáis consiguiendo que olvide mis modales por completo.
—Siento de veras que la cerveza no sea algo mejor —se disculpó Chen frente a un grupo de pandaren adultos mientras llenaba varias jarras—. Desgraciadamente, en la gran tortuga no hay gran variedad de ingredientes para fabricar cerveza.
—Seguro que está genial, Chen —respondió uno de los mayores, aceptando con gentileza la bebida—. ¡Es genial tener de vuelta a nuestro mayor maestro cervecero! Todos te hemos echado de menos.
—Muchas gracias —respondió con una gran sonrisa.
—¡Chen, vamos, cuéntanos una historia! —gritó un cachorro.
—Un momento. Dejad que termine de servir a vuestros padres. Después, os traeré algo de té y podremos contar historias.
—Una vez casi me come un ogro —dijo Li Li—. Fue terrorífico.
—¡Ya lo sabemos, Li Li! ¿Quieres callarte de una vez? —gritó otro cachorro—. Chen tiene un montón de historias que aún no hemos escuchado.
—¡Bueno, vale! —Li Li alzó los brazos—. Si queréis seguir molestando a mi tío, adelante. —Miró expectante a Chen, esperando que la dejase contar sus historias, pero ya se había ido a otra parte de la colina y estaba absorto en una conversación. Así pues, cambió su estrategia—. O quizás vosotros podríais contarme alguna de vuestras historias. ¿Eh? Sobre todos esos días que habéis pasado recogiendo flores en la montaña y suspendiendo la asignatura de caligrafía... ¡No puede haber nada más emocionante!
Varios cachorros protestaron, furiosos, y se disponían a elevar el tono de la pelea.
—¡Eh, chicos! —interrumpió Chen oportunamente—. ¿Quién quiere té?
Un coro de gritos de "¡Yo! ¡Yo!" respondió al instante, y Li Li se sintió ignorada mientras la oferta de Chen hacía que el resto dejase de prestarle atención. Aprovechó ese momento para marcharse de la ladera. Ya sin que nadie pudiese verla, lanzó un suspiro y dirigió su mirada al cielo. Nubes blancas y orondas se deslizaban perezosamente por él, periódicamente tapando el sol y permitiendo que su luz inundase el paisaje.
Emprendió de nuevo la marcha lentamente, y calmaba su frustración dando patadas a las piedras sueltas en el camino y siguiéndolas con la mirada mientras caían ladera abajo frente a ella. Desde que volvió de sus viajes con Bo, la vida se había ido haciendo cada vez más aburrida. Su padre, Chon Po, había ido alternando sentimientos de alivio y furia al volver a verla, y los extremos de ese tiovivo emocional no habían hecho más que exacerbarse después de que Chen hubiese explicado con detalles la suerte de Bo.
A Li Li le daba un vuelco el corazón cada vez que pensaba en él. Chen no dejaba de repetirle que la muerte de Bo no era culpa suya, y Li Li lo comprendía a un nivel puramente intelectual. Pero la sosegada y cruel voz que había en el interior de su mente no permitía que olvidase que de haber permanecido en la gran tortuga, Shen-zin Su, Bo podría seguir vivo.
