Misión en Pandaria
Segunda parte—A ver si lo he entendido. ¿Me estás diciendo que no puedo hablar con el rey Magni porque se ha convertido en una roca?
Frente al Consejo de los Tres Martillos, en la sala del trono de la extensa y subterránea ciudad de Forjaz, Li Li Cerveza de Trueno, tan erguida como le era posible, agarraba el bastón firmemente y alzaba al máximo la barbilla, en un esfuerzo por mostrar su pose más indignada.
—¿Estás de broma? —dijo.
—¡No es ninguna broma! —respondió el enano presente en el centro de la estancia—. ¡Puedes ir a la antigua Forjaz y comprobarlo por ti misma! Mi hermano realizó un ritual para entrar en comunión con la tierra no mucho antes del Cataclismo —Muradin Barbabronce cerró el puño—. Y ese fue el resultado.
—Hay que ser bastante atrevido para acusar de mentir al Consejo de los Tres Martillos —añadió Moira Thaurissan con voz deliberadamente suave—. Si tu comportamiento es indicativo de las maneras de tu pueblo, debo decir que no lamento que no nos hayamos conocido antes.
—El sentimiento es mutuo, señorita —murmuró Li Li entre dientes. Y ya en voz alta, se dirigió a los tres miembros del consejo—. Entonces lo que me estáis diciendo es que no me podéis ayudar.
Muradin sacudió la cabeza. —Me temo que así es. Fuera lo que fuese que Magni te prometiera, nosotros no podemos confirmarlo, y el consejo está dividido acerca de ti.
—De acuerdo, entonces. Supongo que no puedo hacer otra cosa que marcharme —Li Li procedió a darse la vuelta para emprender la marcha.
—Modales, señorita, modales —le espetó Moira. Li Li se detuvo por un instante y, con un suave gesto, giró sobre sí misma, cruzó uno de sus brazos a la altura del vientre y se echó hacia adelante con una exagerada reverencia.
—¡Oh, gran Consejo de los Tres Martillos, vuestra maniobra merece la mayor de las alabanzas! Habéis demostrado ser tan flexibles como la propia roca en la que se ha convertido el rey Magni. Es todo un honor para mí encontrarme ante ambos.
El indignado grito de Moira se vio parcialmente silenciado por las sonoras y elogiosas carcajadas de Falstad Martillo Salvaje, y para cuando Muradin consiguió que ambos dejaran de discutir hacía ya tiempo que Li Li había abandonado la estancia.
***
La Taberna Roca de Fuego ejemplificaba de mejor manera que la sala del trono la genuina hospitalidad de los enanos. Diversos clientes, parlanchines y alegres, llenaban las mesas mientras reían y compartían unos tragos. Sin embargo, Li Li prefirió sentarse a solas en la parte del fondo. A pesar de que para ellos era toda una curiosidad, el resto de parroquianos la dejó tranquila mientras observaba enfurruñada su pinta de cerveza.
—Está claro que he sido una ilusa al dejar que la grulla se fuese tan alegremente antes de hablar con el consejo —murmuró—. Aunque, por otra parte, no es que esperase precisamente que el rey de Forjaz se hubiera transformado en una roca.
Sorbió su cerveza, haciendo gestos de aprobación con la cabeza, y se inclinó sobre el codo mientras trazaba dibujos en la mesa de madera con aire ausente. Perdida en sus propios pensamientos, no oyó los pasos que se le acercaban por detrás hasta que una sombra cayó sobre ella.
Li Li ni siquiera miró hacia arriba. —Lárgate. ¿No ves que estoy ocupada?
La respuesta fue una risa familiar. —¿Demasiado ocupada como para tomarte una cerveza con tu tío? Es una pena.
Li Li se incorporó de un salto y se dio la vuelta. Ahí estaba Chen, con una mochila a la espalda y su bastón en la mano.
—¡Tío Chen! —Le dio un abrazo—. Eh… Perdona por la grosería de antes.
Chen soltó una carcajada mientras le daba un cálido abrazo y tomó asiento frente a ella. —No te preocupes. Supongo que sabes por qué estoy aquí…
Li Li suspiró y se sentó. —Papá te envía para que me lleves de vuelta a casa.
—Me envía para eso, pero no voy a hacerlo. Leí tu carta, y todo el mundo sabe que la perla que trajo Wanyo ha desaparecido.
Li Li fracasó estrepitosamente a la hora de poner cara de inocente. Chen alzó una ceja.
—¿Y bien?
Consciente de que la habían pillado, Li Li respiró profundamente y le explicó lo que había visto en la perla antes de partir hacia Forjaz.
Chen tomó un trago de cerveza con aire pensativo. —Estaba convencido de que habías decidido intentar encontrar Pandaria, pues ya habíamos hablado de ello. Así que esa especie de perla te mostró una visión, ¿eh?
Li Li asintió entusiasta con la cabeza. —Por eso la cogí. ¡Tiene que haber una razón para que me haya mostrado eso!
