Historia

Genn Cringris:Señor de su manada

por James Waugh

La misiva estaba desplegada sobre la mesa. Liam la golpeó con la mano, esforzándose por dejar claro su argumento. Solo era un adolescente, pero no iba a seguir temiendo expresar su opinión. Estaba asustado y furioso, y estaba en total desacuerdo con su padre.

—Ahora puedes retirarte, Liam. He oído lo que piensas de este asunto y no me gusta este espectáculo. —Genn tomó otro sorbo de vino—.

—¿Qué pasará si esa Plaga llega hasta aquí? —siguió Liam—.

—Esa es la razón por la que la muralla separa nuestra gran nación de las otras —le rebatió Genn. Empezaba a sentirse un poco borracho, y esta conversación le estaba dando dolor de cabeza—.

—¿Y qué pasa si esas criaturas superan vuestra muralla? ¿Entonces qué, padre? Además, ¿y si pudiéramos haber hecho algo para detenerlo de antemano?

Con un único y rápido movimiento Genn se puso en pie y tiró su copa, aún llena de vino, contra el suelo de piedra. «¿Cómo te atreves a cuestionar a tu padre, chico? ¡Retírate!»

La copa cayó con un ruido metálico, el vino se derramó por el suelo como la sangre de una herida reciente. Liam la miró fijamente, sorprendido, antes de volver a hablar.

—No, señor. No lo haré hasta que me hayáis oído. Oído de verdad. Escuchado de verdad, por una vez. Nos lo están suplicando, padre. Lordaeron solo nos está pidiendo ayuda en una situación realmente desesperada. Están muriendo mientras hablamos. Esto no es una petición de aranceles o…

—¡Son peticiones de debilidad! ¿Quieres salir ahí? ¿Quieres enfrentarte a esas monstruosidades? ¿Es eso? No. No arriesgaré la vida de mi hijo ni la de ningún hijo de Gilneas. ¡Mi padre no lo habría hecho, y tampoco lo hará su hijo!

—Siempre con el abuelo. Siempre. Es como si vos mismo no fuerais rey sino tan solo un senescal que le mantiene la silla caliente hasta que él vuelva.

—¡¿Cómo te atreves, muchacho?!

—Hay que tener en cuenta otras posibilidades… Este hijo tomaría decisiones diferentes a las de su padre.

—Cuando yo tenía tu edad, lo único que quería era ser como mi padre. Ese es el deber de un príncipe.

—Y yo creía que el deber de un príncipe era llegar a convertirse en un gran rey. —Liam se dio la vuelta. Sabía que esta discusión estaba perdida; su padre actuaría como siempre—.

—¡Apártate de mi vista! ¡Vete, márchate lejos!… Esa muralla nos protegerá, chico —gritó Genn, tropezando con su silla—. Aguantará, y Gilneas siempre será grande… ¡siempre!

Sus palabras resonaron en los muros de la estancia vacía.