Relatos de Santuario. (Historia más allá de Diablo- II)

Creaciones de la Comunidad
Primer cuento aquí: http://eu.battle.net/d3/es/forum/topic/8382008931

RELATOS DE SANTUARIO
(La Historia más allá de Diablo-II)
I
Nuestros héroes empezaban a pensar en volver a sus vidas cotidianas después de un período de relativa tranquilidad tras su victoria contra Diablo y Malthael. Raven, la monje, quien lideraba la compañía, los reunió una noche junto al fuego de una hoguera y, al calor de las brasas, habló:

- Camaradas, nuestra hermandad ha cumplido su propósito. El amor que nos une es ahora un lazo inquebrantable. Nada me agrada más que vuestra compañía, pero el origen de esta hermandad ha sido una circunstancia dolorosa y oscura y sus consecuencias también lo son, aunque persigan un fin noble. Las aguas deben volver a su cauce para que se restaure el equilibrio y, para ello, cada uno debe tomar su propio camino hacia su vida normal.

Nadie hizo comentario alguno al respecto. La verdad es que no habían pensado en que harían cuando todo acabara. Ninguno tenía dónde ir. Todos habían elegido un destino que les apartaba de la gente común. Recuperar sus vidas iba a ser una nueva aventura.

- Ahora descansad. Mañana cada uno volverá al lugar de donde salió en busca del mal. Yo os ayudaré a volver a empezar, a que las cosas retornen a donde deben estar, es mi misión en la vida.- Dijo la monje.

Ben, el bárbaro, la observaba en silencio y meditabundo, él ya no tenía hogar, de hecho, ya no tenía vida que recuperar. Sentía que su poder se estaba apagando, ya no tenía la fuerza de antaño, sus huesos le dolían, cada centímetro de su enorme cuerpo le dolía cada día más ¿síntomas naturales de la vejez? Quizá.

Pero sentía que algo no iba bien.

Se recostó, cerró los ojos y pensó en lo que haría al día siguiente: cuando emprendiera su camino iría a buscar directamente a la anciana curandera, Nereth, se decía que después de la destrucción que asoló Harrogath, ella sobrevivió como vagabunda errante. También se decía que era una bruja poderosa, capaz de curar casi cualquier enfermedad e incluso traer de vuelta del otro lado a algunos.

Ben tenía muchas ganas de volver a reunirse con su mujer y su hijo, que le esperaban en el Valhalla, el Valle de las Almas, pero sentía que la guerra no había acabado, los ancestros le hablaban en sueños y le decían que tendría que aguantar un poco más.

Sólo un poco más.

Quizá ella le concediera una prórroga.

Aquella vez, Meredith, la cazadora, vigiló despierta durante toda la noche, como siempre hacía. No necesitaba dormir. La técnica ancestral que le enseñó Josen, el maestro de cazadores, funcionaba a la perfección. Su mente se fundía con la esencia de la noche y las sombras se convertían en sus aliados creando un estado de conciencia alterado que potenciaba sus sentidos y le hacía sentirse más viva que nunca.

Meredith ya sabía que Ben estaba enfermo incluso antes de que él mismo lo supiera. Su respiración era más débil y su ritmo cardíaco, antes lento y acompasado, sonaba acelerado y cansado. El ritmo de sus movimientos ya no era fluido y su olor había variado. La cazadora podía percibir el aroma de la corrupción emanando de los poros de la piel de su compañero.
Decidió que le acompañaría en su último viaje y vigilaría de que nada malo le ocurriese.

Al día siguiente temprano se despidieron y cada uno tomó una dirección distinta. Ben caminaba sólo, o eso creía, a través de los páramos en dirección Norte hacia su tierra natal, pero daría un rodeo por Lut Gholein en busca de la curandera.

Varios días pasaron bajo el sol implacable, que no descendía, hasta que divisó una tienda de campaña a lo lejos, en medio de las dunas del desierto. Se arrastró hasta ahí sin saber muy bien lo que estaba buscando. Entró en la tienda y el frescor de la sombra lo reconfortó como nunca, sintió que podía quedarse ahí para siempre. La tienda parecía vacía. Se sentó en la entrada, ya no podía sostenerse más en pie.

- Nereth?, anciana? Estás aquí?. Necesito tu ayuda, mujer.
- ¿Qué puede haber aquí, que despierte el interés del Hijo del Lobo?- Le contestó una voz desde la nada.
- Me muero, anciana, ya no me queda mucho. Y aún he de hacer honor a los ancestros por última vez. Sé que sabes engañar a la muerte, ayúdame y te recompensaré bien.

En ese momento, de la nada surgió la figura de una anciana ataviada con una toga negra que se le acercó a escasos centímetros de su rostro y le observó atentamente.

- Pierdes el tiempo, nephalem, no hay cura ni antídoto para tu enfermedad.
- Lo sé, maldita bruja, sólo quiero permanecer aquí un tiempo más para poder finalizar mi trabajo y cruzar la puerta del Valhalla con las manos limpias. - Ben gruñó.

La anciana siguió observándolo, y tras un rato dijo:

- Te entregaré algo para que engañes a la muerte durante un tiempo, pero ten en cuenta, bárbaro, que ésto te pasará factura. Tu destino es morir y eso debe ocurrir pronto, porque así está escrito. El poder que hay dentro de ti, lo que te hizo destacar en tu juventud, reclama su precio. Sabes que nunca me equivoco.

La confirmación de lo que sospechaba hizo que las lágrimas empezaran a asomar por los ojos de Ben, pero no eran lágrimas de miedo o autocompasión, sino lágrimas de alegría; por fín se reuniría con su mujer e hijo. - “Esperadme, voy por vosotros”.- Se dijo.

El bárbaro había caminado durante varios días, su visión no era buena, pero había encontrado varios pájaros e incluso una cabra recién muertos con heridas de perforación. Se preguntó quien era su ángel de la guarda, pero aprovechó las piezas. Lo que no sabía era que quien guardaba sus espaldas era su compañera, Meredith, la dama que no dormía.

Meredith había estado siguiendo a Ben desde que desmantelaron el campamento a una distancia desde la que no pudiera ser vista; tenía la sensación de que el bárbaro quería estar solo y quería evaluar sus intenciones antes de hacerle saber que no se libraría de ella fácilmente.

La cazadora observó desde una duna lejana como su viejo compañero conversaba con aquella vieja arpía. El aroma del elixir que la bruja dio de beber a Ben llegaba a sus fosas nasales desde una distancia desde la que ni los lobos eran capaces de apreciar y le recordaba a antiguos venenos cuyas recetas aprendió en la Guarida del Cazador cuando era niña. Su instinto sobrenatural le decía que la vieja no era trigo limpio, y su instinto nunca la engañaba.

Al día siguiente Ben se despertó como nuevo. Se sentía tan bien como no se había sentido en meses, quizá años. Estaba solo en la tienda y tenía sus enseres preparados para emprender el viaje. Tras desayunar lo que la anciana le había preparado se dispuso a partir hacia su tierra Harrogath, aquella ruina vacía e inhóspita, en busca de respuestas. Sabía que los ancestros tenían algo que decirle; su misión no había terminado.

II

Continuó hacia Lut Gholein y traspasó sus puertas deseoso de disfrutar de una buena cerveza y compañía femenina en alguna de las tabernas que habían vuelto a abrir tras la victoria sobre Baal, el Señor de la Destrucción. Entró en al primera que vio, “El Refugio de los Valientes” se llamaba. Un lugar recubierto de mobiliario y techos ornamentados con la mejor madera de los alrededores. El ambiente festivo era acogedor y resultaba familiar. Estaba abarrotado de gente.

- Bienvenido forastero. Este es el lugar donde descansan y disfrutan aquellos merecedores de la gloria y el honor. ¿Eres tú uno de ellos? - le dijo una hermosa mujer joven de oscura melena y piel bronceada cuyas vestimentas no dejaban lugar a dudas sobre su profesión, la más antigua del mundo.
- Muchacha, si yo no soy merecedor de gloria y honor, creo que nadie en este maldito lugar lo es. Dime tu precio.
- Acompáñame a mi habitación. Te enterarás del precio cuando acabemos. - la muchacha sonriente cogió a Ben de la mano con sorprendente fuerza y lo condujo al piso de arriba, a una habitación fría aislada del resto en la que el silencio reinaba de una forma antinatural.

Tras desvestirle, la muchacha empujó a Ben a la cama, se postró encima de él y comenzó su baile salvaje. El bárbaro se preguntó cuántos hombres y quizá mujeres habrían sucumbido después de una sesión de sexo con esta chica. Después de haber consumado, Ben se durmió y, al cabo de un rato, una caricia en su pecho lo despertó.

- ¿De dónde vienes forastero? Ni siquiera se tu nombre.- le dijo la !@#$%^-*!@ con una voz cálida y aterciopelada que, añadida a la caricia suave y calculada provocaba un efecto hipnótico en nuestro héroe.
- Me llaman Ben, el Hijo del Lobo, porque me crié junto a lobos y vengo de derrotar al mal que asola este mundo. En mi cabeza hay preguntas sin respuestas y voy en busca de ellas. - Ben, notaba como sus párpados le pesaban, el sueño le embargaba y oía su propia voz como bajo el agua.
- El mal que asola este mundo no puede ser derrotado, bárbaro, porque es infinito y forma parte de todos nosotros- le dijo la extraña muchacha. - ¿Cómo se llamaba tu contrincante?
- Mal... Malthael. También derroté a... a... Diablo. Oh, dioses, como deseo dormir. Déjame dormir.
- Tus deseos son órdenes para mí, pero, aún queda un asunto pendiente, animal que camina sobre dos patas...
- ¿Cuál es ese asunto?
- El precio por mis servicios, nephalem. - la mano de muchacha que acariciaba su pecho comenzó a alargarse y su piel oscurecerse y arrugarse. Las pequeñas uñas crecieron hasta transformarse en largas garras curvas que se clavaron en la piel del bárbaro como hojas de navaja haciendo brotar la sangre de su enorme pecho.
El dolor lo hizo despertar y vio que donde antes había una linda muchacha ahora había un súcubo postrado encima de él que pugnaba por morder su cuello. ¿Cómo no se había dado cuenta antes, después de tanto tiempo, de tantas batallas? La enorme hilera de dientes del súcubo se acercaban a velocidad vertiginosa hacia su yugular, sólo los reflejos adquiridos con la experiencia le permitieron reaccionar a tiempo. Con su mano izquierda sostuvo la garganta del monstruo y empujó hacia arriba con la fuerza que fue capaz de reunir. No sirvió de mucho, el súcubo tenía a su vez fuerza sobrenatural, no sería fácil vencerlo. Aún tendido en la cama, con la mano derecha intentó alcanzar el mango de una de sus hachas pero la mano del súcubo le cogió de la muñeca impidiéndoselo. Ben se dio cuenta de que tendría que emplearse a fondo y convocar el poder de su fuego interno, aquel que le proporcionaba su fuerza antinatural y que, a su vez, le estaba matando.

Ben cerró los ojos y se concentró, llamó mentalmente a los ancestros para que le proporcionasen su esencia y su furia. Notó como su corazón aceleraba, su pecho se calentaba y su propia sangre le quemaba. Rugió, aquel rugido hizo temblar la habitación e hizo dudar al súcubo, sorprendido por la reacción de aquel bruto que parecía no saber hacer nada más que blandir torpemente su hacha.

Soltó la garganta del monstruo y lo abrazó por detrás cogiendo con sus dedos el extremo del maxilar inferior. De un fuerte y rapidísimo tirón giró hacia atrás el cuello partiéndolo de un limpio movimiento. El súcubo cayó muerto sobre la cama. Al tiempo que esto sucedía, un segundo entró por la ventana dirigiéndose directamente a su cuello.

Antes de que Ben pudiera hacer nada al respecto, el segundo súcubo se detuvo en el aire y cayó a plomo en el suelo. El bárbaro se acercó a averiguar por qué y observó la punta de una flecha sobresaliendo por la garganta de la criatura.

- ¿Ya te has divertido bastante?- Oyó decir a una sombra tras la ventana.
- Esa voz me resulta familiar. No diré que no me alegro de que estés aquí. - ¿Cómo me has encontrado Meredith?
- Soy una cazadora, Ben, encontrar gente es parte de mi trabajo. - Meredith, la cazadora de demonios, entró por la ventana, con una gracilidad de la que sólo podían hacer gala los cazadores. Absolutamente silenciosa, Ben no la oyó posar sus pies en el suelo, ni siquiera sus ropajes cuando se movía.

-¿Piensas acompañarme a Harrogath? ¿es que ya no añoras tu hogar?.
- Ya no tengo hogar, ni familia, pero eso ya lo sabes, bárbaro. Encontraré mi destino, pero antes, quiero saber lo que te propones. Algo me dice que todavía tienes algo importante que hacer ¿me equivoco?
- Como siempre, estás en lo cierto. ¿Qué hacemos ahora?
- Tu descansa. Yo observaré.

Ben, sonrió. Supo que esa noche descansaría más seguro que nunca.

La historia continuará, si es vuestro deseo. Que Inna, la diosa del cielo, os proteja.
Próximamente habrá más entregas, pero necesito vuestra energía para continuar. Ayudadme a llegar al final de la aventura.
El siguiente día comenzó con un sol rojo y enorme, el sonido el viento era lúgubre y triste y los pájaros sonaban lejanos, como queriendo huir de aquellos parajes inhóspitos. El aroma del incienso quemado en el humo de una hoguera llegaba desde el Noreste, lo que indicaba a Meredith que algunos miembros de las Hordas Abrasadoras estaban al tanto de su periplo por aquellos lugares y se habían adelantado para preparar una emboscada. La cazadora podía discernir el tiempo que había transcurrido desde que los demonios habían pasado por ahí en base a la intensidad del olor que emanaba de las huellas y el nivel de humedad de la tierra.

-No andan lejos. Será mejor que nos movamos con sigilo. - Dijo Meredith.
-No estoy acostumbrado a esconderme, pero por esta vez te haré caso. - Dijo Ben. Aunque el elixir de la vieja bruja le había reconfortado no se sentía en plenitud de facultades.

La arena se movía formando figuras y sombras por encima de las dunas. Las sombras susurraban a Meredith que las siguiera, que no estaba segura a cielo abierto y a pleno día. Meredith les hizo caso y condujo a Ben a través de unos caminos a la rivera de las dunas por los que el sol no !@#$traba y la temperatura era más soportable.

Las huellas continuaban exactamente por delante de ellos, anduvieron por las sendas de arena durante varias horas con una total tranquilidad. Ben tenía la esperanza de que quizá, sólo quizá, su aventura había dado frutos y habían diezmado al ejército de los Infiernos Abrasadores, pero Meredith sabía que no era así.

Al atardecer, vislumbraron la silueta de una pequeña población con unas pocas casas diseminadas dentro de lo que parecía ser un oasis en mitad de aquel mar de arena. A Ben le resultaban extrañamente familiares, pero no entendía porqué. Cuando llegaron a las inmediaciones se dieron cuenta de el pueblo tenía un aspecto fantasmagórico; parecía desierto pero las casas estaban en perfecto estado y rodeadas de una vegetación exhuberante que proporcionaba una extraña sensación de frescor. Las edificaciones le recordaban a su antiguo poblado de Harrogath, eran altas, de gruesas paredes, decoradas de motivos celtas y norteños- un detalle que a ambos le resultó muy extraño. No encajaban en aquellos parajes desérticos y orientales.-

El aroma de alguien o algo vivo llegaba a la nariz de Meredith. La sensación del aire era diferente, había cambiado de dirección y el sonido de la voz que llegó a su oído entrenado le indicaba que estaba en presencia de algo antinatural.

-Saludos, jóvenes viajeros. Largos días y gratas noches. Me agrada ver que no estoy solo en Santuario. - dijo una voz ronca por la edad.

La presencia que tenían ante ellos era la de un anciano vestido con una vieja toga y un bastón, todo envuelto en sombras, pero a su vez en un leve fulgor mágico de cuya naturaleza Meredith no estaba segura. Le habían enseñado a reconocer la magia demoníaca para diferenciarla de la angelical, su visión sobrenatural percibía las esencias que componían las fuerzas oscuras, pero esto era distinto a todo lo que había visto antes.

-Sé lo que estás pensando, cazadora. No soy vuestro enemigo. He venido a guiaros en vuestra búsqueda.
-¿Cómo sabes que estamos buscando algo, anciano? ¿Y qué te hace pensar que soy una cazadora? - replicó Meredith. Se había esforzado por ocultar su armadura y sus múltiples armas bajo su capa, pero a la vista estaba que aquel hombre no era como los demás.
-Ben, tu compañero, está aquí porque así lo hemos querido. Y debe continuar su viaje a Harrogath después de que le indique cual es su misión. Y tú debes protegerle, porque eres la mejor en tu trabajo, Meredith.- dijo el anciano. - Sentaos junto a mí, al fuego y os daré cena, cobijo y respuestas.

Y así lo hicieron. Ben escuchaba en silencio mientras aquel misterioso anciano les contaba que había estado esperándolos desde hacía meses, desde que derrotaron a Malthael. También les contó que el Consejo de Ancianos de Harrogath se había reunido para establecer un protocolo de restablecimiento de la paz y la normalidad, seguían siendo los guardianes de la esencia de Santuario, pese a la destrucción de la Piedra de Alma Negra. Les reveló que el conflicto eterno no había terminado, de hecho, nunca terminaría.

-Siempre será necesario que los nephalem protejan a la Humanidad y a Santuario de las fuerzas que amenazan con destruir todo lo conocido, ya se llamen Diablo, Baal, o Mephisto. No importa cuál sea su nombre, siempre es el mismo ser, la misma fuerza. Sé que no te queda mucho tiempo, Hijo del Lobo, y eres un ser demasiado valioso para que tu legado se pierda.

-Habla claro, viejo. ¿A qué te refieres?- inquirió el enorme y, también anciano, bárbaro.
-Hablo de que después de ti, vendrá otro. Y deberás transmitirle tu fuerza.
-Sigo sin entender...
-Tienes un hijo, Ben. Tu progenie no se extinguió con Harrogath. Havok es su nombre, consiguió perseverar a la debacle y necesita un guía. Sólo tú puedes transmitirle la fuerza nephalem que habita en ti. Y debes hacerlo antes de que sea demasiado tarde y se pierda para siempre contigo.

El misterioso anciano hizo aparecer de entre las brumas un par de caballos sin brida ni silla, los cuales se acercaron sin indicación alguna a nuestros héroes, bajando la cabeza en señal de respeto.

Esa misma noche partieron rumbo a Harrogath bajo la luz de la Luna.

IV
Los páramos del desierto fueron cambiando a un paisaje más pedregoso en medio del cual ya se podían vislumbrar árboles y pequeños cúmulos de vegetación que ofrecían resguardo y ocultación, lo que era muy valorado por la cazadora.
Meredith percibía el cambio en el aroma del aire, más fresco y húmedo, así como el sonido del viento ártico que procedía del Norte, lo que le indicaba que empezaban a adentrarse en una zona en la que la influencia de los dioses bárbaros se hacía sentir. Ello debería tranquilizarla pero no era así.

-¿Te llevas bien con tus dioses, viejo amigo?- le preguntó.
-No mejor que tú con los tuyos, chica rebelde.- replicó éste.

La cazadora sonrió, ambos sabían que Meredith actuaba por libre, siguiendo su instinto sin confiar en nada que no fueran sus habilidades extraordinarias, hasta ahora le había funcionado bien. Pero quizá de ahora en adelante debiera plantearse consultar a las sombras y recordar los consejos de los maestros cazadores. La soberbia, lo sabía bien, podía resultarle muy cara.

Se recogió la larga melena oscura en una coleta para evitar que el viento le jugara una mala pasada con su cabello, dificultándole su visión nocturna, frotó las placas de su armadura de cazador con un tinte especial que difuminaba su silueta en la noche y se cubrió la cabeza con su capucha mimetizante. Todo ello la hacía prácticamente invisible. Incluso a Ben, que cabalgaba a su lado le resultaba difícil distinguirla en la negrura de la noche.

Así que su aventura parecía terminar en el antiguo poblado bárbaro. Ben tenía su propósito, su meta, pero ¿y ella? ¿ y los demás? Esa reflexión, aunque muy breve, redujo su nivel de alerta sensorial, aquel que le había salvado en múltiples ocasiones y no oyó el siseo de una lanza cortando el aire a sus espaldas.

No lo suficientemente rápido.

En el instante en que su oído captó el corte del aire, su mano se dirigió automáticamente a la empuñadura de su ballesta de mano y apuntó sin mirar, como siempre había hecho, a la dirección que su oído infalible le indicó, pero no fue suficiente. La lanza atravesó el hombro derecho de Ben, haciéndole gritar de dolor y derribándole del caballo.

Actuó sin pensar, por instinto, como siempre había hecho, su cuerpo se movía según su percepción del peligro de forma natural. Descabalgó haciendo una pirueta y rodó hacia un matorral, manteniendo visión de Ben y esperando el siguiente ataque, que no se hizo esperar. Una nube de lanzas se dirigieron al punto donde estaba Ben y había estado ella un segundo antes.

Los ojos de Meredith brillaron en la oscuridad, como siempre les ocurría a los cazadores de demonios cuando se encontraban en presencia de sus presas. En este estado su visión era más clara que nunca, cada detalle de la vegetación, cada piedra del suelo, la temperatura del aire, la dirección del viento le guiaban mejor que cualquier indicación del más perspicaz de los comandantes.

Entonces los vio. Hombres-cabra y humanos no-muertos se habían unido, se habían hecho con las armas que habían encontrado y las estaban aprovechando riendo y disfrutando de su cacería. O eso creían.

Pero olvidaron que en presencia de un cazador, ellos son la presa.

Meredith empuñó una ballesta en una mano mientras en la otra preparaba una carga de chakrams mágicos, se concentró y recitó un rezo ancestral a las sombras para que le proveyeran de munición infinita. Notó como éstas le escuchaban e imbuían sus manos de energía oscura. Conectó mentalmente con sus aliados, como le había enseñado Josen, el maestro de cazadores, y los llamó.

Os necesito. Venid a mí.

La aventura continua. Que Inna, la diosa del cielo, os guarde de todo mal.
Lo recupero por si os apetece recordarlo.
Interesante relato, me ha gustado.

Saludos.

Únete a la conversación

Regresar al foro