Relato corto-Los primeros Horadrim-

Historia y personajes
Buenas,

Viendo que en el próximo parche de contenido Zoltun Kulle volverá a cojer relevancia, me he aventurado a imaginar esa primera fundación de la orden de los Horadrim intentando ser lo más fiel possible a los datos conocidos del lore de diablo.

Lo vuelvo a transcribir aquí, ya que por error, lo coloqué en el foro hispano de US.

Espero que os guste.
-La Reunión-

La pequeña sala bajo tierra, estaba pobremente iluminada por un par de candelabros de plata colocados en el centro de una mesa maciza y desgastada, las paredes de piedra rezumaban humedad y el musgo verdoso asomaba de entre sus grietas, todo parecía antiguo allí, como si el único indicio del inexorable paso del tiempo fuera el lento derretir de las velas.

-Jered, todo esto no tiene sentido ¿Por qué nos necesita? Somos simples mortales y ni siquiera estamos organizados, somos de clanes distintos, nuestras diferencias en cuanto al entendimiento y uso de la magia son abismales, incluso me atrevería a decir que diametralmente opuestas-

Se cuestionó Zoltun visiblemente contrariado.

-Sé lo mismo que tú amigo, siguiendo sus designios, las visiones, el flujo arcano y la canción del arco, hemos sido conducidos hasta este lugar en el preciso instante en el que nos encontramos, veremos que nos depara tan ansiado encuentro-

Jered hablaba pausadamente y con certera convicción, eso calmó en parte a Zoltun que confiaba plenamente en él, ya ni recordaba los años que hacía que eran amigos; cada uno había seguido su propio camino en cuanto a enseñanzas mágicas se refería, Jered, tenaz y disciplinado, había sido aceptado en las filas de los estrictos Vizjerei, un antiguo clan de magos “elementalistas” que trataba de recuperar la supremacía de antaño, fuertemente debilitada por la corrupción demoníaca acaecida entre algunos de sus miembros más destacados; pronto sus habilidades sobrepasaron ampliamente las de los demás alumnos y en pocos años había logrado posicionarse como uno de los grandes maestros del clan.

Zoltun por su parte, decidió unirse a los hechiceros alquimistas del clan Ennead, más enfocados al estudio de las propiedades de la materia y sus posibilidades de transmutación, al igual que Zoltun, rápidamente destacó sobre todos los demás; en su prueba final para conseguir la categoría de mago oficial del clan, dejó tan impresionados a los miembros del consejo con un potente hechizo de transmutación de su propia piel en puro e indestructible diamante, que inmediatamente fue promocionado para ocupar un lugar entre ellos.

Sus distintas maneras de entender la magia, no habían sido inconveniente en su relación de profunda amistad, seguían compartiendo el reducido tiempo libre que disponían entre las interminables horas de estudio, para conversar y debatir sobre cualquier aspecto del misterioso y a la vez maravilloso mundo que los rodeaba.
Tyrael, el mismísimo arcángel de la Justicia, observaba desde los altos cielos oculto tras un portal, esperando pacientemente a todos los elegidos para hacer su aparición, no había sido casualidad que los hubiera escogido, había estado siguiendo sus pasos durante largo tiempo, eran los mejores representantes de su raza, el vivo retrato del talento, la virtud, la inteligencia y el poder de los Nephalem.

Tenía esperanza en los mortales, creía que merecían vivir en Santuario, al ser la personificación de la justicia, sentía que debían tener la oportunidad de demostrar que eran capaces de afrontar sus propios demonios interiores y escoger el camino de la luz y la bondad.

¿Pero estarían preparados para la misión que quería encomendarles? A fin y al cabo eran mortales y por muy poderosos que pudieran llegar a ser, temía que su propia naturaleza pudiera llevarles por el camino equivocado, se pondría a prueba su determinación y llegado el momento, encontrarían en ellos mismos a su mayor enemigo.
Unos metros más arriba, la luna llena coronaba el cielo oscuro iluminando las tranquilas calles de la imponente Lut Gholein, una majestuosa ciudad a orillas del desierto de Aranoch, recientemente proclamada “la Perla del desierto” debido a su creciente influencia, se había convertido en un estratégico punto neural por dónde discurrían todas las rutas comerciales de Santuario.

Los dos magos seguían a la espera, Jered Caín de veintiocho años de edad, se había sentado en una de las cinco sillas que rodeaban la mesa, su pelo largo y rojizo se aposentaba sobre sus anchos hombros, una túnica verde esmeralda con intrincados dibujos rúnicos cubría su atlético cuerpo, recostado a su lado estaba su peculiar bastón, a simple vista no era más que una alargada barra transparente, fina y completamente lisa, a ojos inexpertos podría decirse que se trataba de cristal común, pero poseía un tenue y casi imperceptible resplandor blanquecino, que albergaba gran poder.

Zoltun Kulle permanecía de pie, inquieto, recorriendo la sala de un lado para otro, con su ostentoso báculo en mano que repiqueteaba en el suelo a cada paso, era un hombre delgado de piel pálida, una incipiente calva y unas pronunciadas ojeras grisáceas que le conferían un aspecto enfermizo, pese a tener una edad similar a Jered, aparentaba ser quince años mayor que él; ataviado con una túnica teñida en varias tonalidades rojizas y ornamentada con bordados dorados en sus acabados, ondulaba sinuosamente con cada giro nervioso de este.

Oyeron unos pasos descendiendo por las escaleras que daban acceso a la única entrada de la sala, entre la penumbra apareció un viejo conocido de ambos, el hombre llevaba una especie de armadura ligera ceñida al cuerpo, de un extraño color violáceo que relucía incluso en ese ambiente oscuro, su tez quedaba oculta por una máscara dorada de facciones humanas de la que sobresalían dos cuernos retorcidos y en su mano izquierda flotaba un orbe en forma de ojo felino que parecía parpadear con vida propia.

-¿Qué haces tú aquí?-

Interrogó molesto Zoltun.

El hombre levantó su máscara, descubriendo su joven y atractivo rostro, de ojos verdes y mirada !@#$trante, esbozando una perfecta sonrisa que mostraba sus dientes alineados y blancos como perlas.

-Yo también me alegro de verte Zoltun, veo que al fin y al cabo no se trata de una llamada tan exclusiva como esperaba-

Dijo en tono burlesco.

Se dirigió a Jered:

-Sin ánimo de ofender hermano-

Zoltun enrojeció de ira, no podía soportar la presencia del arrogante Tal Rasha, era un Vizjerei del más alto rango igual que Jered, pero su rivalidad con Zoltun se remontaba varios años atrás y aunque Jered era el nexo común entre ambos e intentaba poner paz, ya habían tenido varios roces, encontronazos e incluso enfrentamientos de distinta magnitud.

Iba a contestarle algún improperio, pero se mordió la lengua al oír más pasos descendiendo por la escalera, otro hombre apareció por el filo de la puerta, llevaba una austera túnica marrón, sin adornos ni grabados de ningún tipo, parecía un simple clérigo, pero había algo distinto en él, el largo cabello negro que parecía unírsele a la frondosa barba, cubría gran parte de su moreno rostro, sus ojos también negros como profundos pozos denotaban gran poder.

-Buenas noches caballeros, me llamo Radament Al Sidur soy hechicero maestre del clan Ammuit, supongo que al igual que yo habréis acudido a la llamada, les presento aquí mis respetos-

Se inclinó cortésmente para posteriormente sentarse.

Los presentes habían oído historias referentes a ese misterioso clan, sabían que nada era lo que parecía entre sus miembros, la ilusión y la manipulación de la realidad formaban parte de sus habilidades mágicas.
Se quedaron a la expectativa durante unos instantes hasta que un potente destello rompió el silencio, surgió de la nada justo en frente de ellos, la energía del recién activado portal emitía fuertes pulsos que apagaron las velas, pero lejos de quedarse a oscuras, la luz lo envolvió todo, el arcángel atravesó el portal y su presencia estremeció a los presentes que miraban al ser con asombro, portaba una resplandeciente armadura perfectamente forjada y cuidada hasta en el más mínimo detalle, ningún herrero mortal podía siquiera acercarse a crear una obra de tan exquisito nivel, una capucha le cubría el rostro y en la espalda se alzaban sus majestuosas alas, rayos de energía pura que fluían incesantemente, entrecruzándose y vibrando con fuerza, colgada en su cinturón reposaba El’Druin, su imponente y legendaria espada, que relucía imbuida de un aura azulada.

-Buenas noches caballeros, ya sabéis quién soy, si habéis llegado hasta aquí significa que tenéis las capacidades que se requieren, vosotros sois mis elegidos, esta noche os he convocado con un firme propósito…-

La voz de Tyrael era grave, profunda y !@#$trante, retumbaba por la pequeña sala inundando los oídos de los presentes.

Tras un breve instante de pausa, prosiguió:

-…No solamente os he escogido por vuestro poder, sois eruditos, ávidos de conocimiento habéis descifrado parte de la historia de vuestro mundo a pesar de los intentos por borrarla de la memoria colectiva, es por eso que estáis aquí, para forjar vuestros nombres a fuego en el destino de Santuario.-

La voz del Ángel se ensombreció:

-Como sabéis, hace cuarenta años los demonios menores capitaneados por Belial y Azmodan, expulsaron a los demonios mayores Diablo, Mefisto y Baal a este mundo, en lo que se conoce como el exilio oscuro, su influencia demoníaca se ha intensificando y ha afectado a todas las criaturas de Santuario, poco a poco caen bajo el influjo de su poder corruptor, sumiendo este mundo en la oscuridad y el caos, quieren convertir Santuario en su nuevo hogar, un nuevo infierno hecho a su medida dónde se harán más fuertes, un punto estratégico des de dónde atacar a los altos cielos.-

-Pero… ¿Porqué no reunir un ejército de poderosos e inmortales ángeles y enviarlos a Santuario para hacer frente a tal amenaza?-

Cuestionó Zoltun.

-Tenemos reglas, no podemos intervenir en el desarrollo de este mundo, el consejo Angiris aún debate sobre si debe o no destruirlo, tengo esperanza en la humanidad, en vosotros, no saben que estoy aquí, os ayudaré desde las sombras.-

En ese momento el ángel extrajo unos extraños objetos de un pequeño saco dorado atado a su armadura, con sumo cuidado los colocó encima de la mesa, tres relucientes piedras brillaban con fuerza ante sus perplejos ojos emitiendo destellos hipnóticos, una roja como la sangre oxigenada, otra azul oscuro como los mares profundos y la última amarilla como el sol de mediodía; se quedaron atónitos, enseguida percibieron su gran poder, ¿Cómo podía ser posible que unos objetos tan pequeños albergaran una cantidad tan desorbitada de flujo arcano?

-Son Piedras de Alma, las creé en la cámara de la piedra del mundo en el monte Arreat, son para vosotros, en ellas deberéis encerrar a los demonios mayores para que no puedan actuar en este plano, os enseñaré a usarlas y a hacer frente a tan poderosos enemigos; desde hoy mismo, queda fundada la noble orden de los Horadrim, en vuestras manos cuelga el destino de ambos mundos.-

Tyrael dio por concluida la reunión, a la espera de próximos encuentros para debatir con mayor profundidad los detalles de la misión, se retiró por el portal que se cerró abruptamente dejándolos con el resplandor multicolor de las piedras.

Los magos se quedaron largos segundos en silencio, tratando de asimilar todo lo que se les acababa de revelar, a Zoltun le daba vueltas la cabeza:

-Todo este asunto me parece sospechoso, pensad por un momento lo que nos ha explicado, no confían en nosotros, nos consideran una potencial amenaza, aún debaten si exterminarnos o no, creo que tienen miedo de nuestro potencial, pensadlo bien ¿Creéis que Tyrael nos ayudaría si el destino de los altos cielos no estuviera en peligro?-

Zoltun estaba receloso de la verdadera motivación del arcángel, pensaba que estaban siendo utilizados por uno de los bandos del conflicto eterno, serían una simple herramienta para conseguir ventajas respecto a sus adversarios.

-¡Déjate de paranoias perturbadoras!, no traicionaremos su confianza, cumpliremos con los designios del arcángel, sus intenciones son puras y debemos sentirnos honrados de ser los elegidos, si no compartes esta visión, mejor que abandones la orden ahora-

Exclamó Tal Rasha altivo.

Extrañamente Zoltun Kulle pareció no escucharle, estaba demasiado interesado en las piedras de alma, aunque era experto en el estudio de la materia y sus posibilidades, estas se escapaban a su dilatada comprensión, Tyrael había logrado crear algo inaudito, que parecía imposible e inimaginable.

-Estos artefactos son una bendición, un inesperado regalo…sus posibilidades son infinitas…-

Zoltun se perdió en sus pensamientos, completamente absorto y con la mirada fija en las piedras.

-Tal Rasha tiene razón, debemos confiar en el férreo juicio de Tyrael, es el destino de nuestro mundo de lo que estamos hablando-

Dijo Jered dirigiéndose al grupo.

Radament que hasta entonces se había mantenido contemplativo y a la expectativa asintió levemente ante el último comentario de Jered.

-Significará la encomienda más importante de nuestras vidas y aunque algunas cosas pueden parecer lo que no son, creo que en realidad no tenemos opción-

Sentenció Radament.

- Veo que las dotes ilusorias y de confusión propias de tu clan también se aplican a tus palabras-

Sonrió Tal Rasha.
Tyrael se encontraba de nuevo en los altos cielos, recluido en una majestuosa sala del ala de la Justicia, sus pensamientos giraban en torno a todos los escenarios, trabas y derivaciones que podía sufrir su plan.

La orden de los Horadrim se había formado, muchos acontecimientos estaban aún por venir y los sacrificios que deberían hacer sus miembros serían mayores de lo que se cabría esperar, sólo el tiempo revelaría su éxito o su completa aniquilación.

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