Arena y sangre (Novela Nigromante)

Creaciones de la Comunidad
Prólogo

Lut Gholein, la antiguamente proclamada perla del desierto, se había deteriorado enormemente, pocos vestigios quedaban ya del esplendor de antaño, la destrucción perpetrada por los demonios mayores ocho años atrás, no solo podía apreciarse en las grietas de las casas, los inmensos socavones en la calzada y en los miembros mutilados de los pocos milicianos y soldados que quedaron con vida, transgredía el plano físico, profundas cicatrices de odio y terror sesgaban el alma de todos sus habitantes, se podía apreciar en el ambiente, una sensación de asfixia y opresión continua, acrecentada por el extremo y sofocante calor del desierto de Aranoch.

Saleb, una víctima de la masacre, uno de tantos niños abandonados a su suerte, un "huérfano del desierto" así era como solían llamarles, renegado y excluido, vivía con otros de su misma condición en las cloacas de la ciudad, donde a pesar de la permanente oscuridad y el putrefacto olor, podían resguardarse del intenso sol que azotaba implacable e incansable durante dieciocho horas al día.
Su nombre, Saleb, fue la única herencia que recibió de sus padres, ya no recordaba nada de ellos, ni sus voces, ni sus rostros, ni tan sólo sus nombres, sólo le quedaba el suyo.

Era un chico peculiar, de grandes y radiantes ojos verdes que contrastaban enormemente con el resto de su pequeño y maltrecho cuerpo, enjuto, seco y desaliñado debido a la hambruna, el sol y la arena; tenía la cabeza densamente poblada por una oscura y alborotada melena que le cubría la mitad del rostro, su única y rudimentaria vestimenta, unos mugrientos harapos que en algún momento del pasado habían sido blancos, ahora llenos de agujeros y manchas, sujetos por la cintura con unos cordeles raídos.
Pasaba los días junto a su inseparable amigo Alben, de complexión similar, parecían hermanos y aunque no les unían lazos de sangre, se consideraban como tales.

Con los primeros rayos de sol, salían de la oscuridad y el relativo confort de su “madriguera” en busca de cualquier cosa que llevarse a sus agrietados labios.
Recorrían a toda velocidad las polvorientas calles en dirección al puerto, que después de su hogar, ostentaba el segundo puesto en la lista de los lugares más sucios y malolientes de la ciudad; aprovechaban la actividad frenética de pescadores y comerciantes para pasar desapercibidos entre la multitud, se escabullían entre infinidad de pilas y pilas de cajas repletas de todo tipo de delicias marinas, desde lenguados frescos y relucientes que aún coleteaban con fuerza, hasta cangrejos enormes y enfurecidos que abrían y cerraban violentamente sus pinzas, originando un repiqueteo incesante y ensordecedor que se mezclaba con los gritos de los pescadores anunciando sus maravillas acabadas de llegar de las profundidades de los mares gemelos.

Algunas veces conseguían su propósito y se llevaban furtivamente algún que otro pescado, pero normalmente, recibían en su lugar un puntapié como advertencia, entonces tenían que conformarse con los restos de pescado que quedaba entre las redes.

Así transcurrían los días y los meses, una continua lucha por la supervivencia dónde no existía lugar para demasiadas aspiraciones. A menudo, sentados en lo alto de las murallas, mirando hacia la yerma extensión de sinuosas dunas que se extendían más allá de dónde les alcanzaba la vista, imaginaban como sería la vida fuera de la ciudad, como sería el mundo, ¿habría lugares en los que el desierto no lo cubriera todo? ¿Lugares dónde la comida abundara y el sol no brillara con tanta fuerza? La cabeza se les llenaba de preguntas y les sobrevenía un sentimiento de impotencia al pensar que seguramente nunca encontrarían las respuestas.
_Capítulo I_

Muerte en las cloacas (Primera parte)

Todo cambió aquella noche estrellada, precedida por otro largo e infructuoso día en su particular infierno; aunque no del modo que ellos hubieran imaginado, su insaciable curiosidad por fin se vería recompensada.

Fuera, por encima de sus cabezas, se podía oír el soplido del viento, proyectaba consigo diminutas partículas de arena que se aposentaban por todos los rincones de la ciudad, la luna coronaba el cielo, resplandeciendo con luz blanquecina y filtrándose por las ranuras de la corroída puerta de entrada a las cloacas.

Con el paso del tiempo, se habían acostumbrado a la fetidez y podredumbre predominantes en el ambiente, lo habían llegado a considerar su “hogar”.
Los primeros signos de cansancio se apoderaron de los chicos, que yacían acurrucados encima de varios sacos rellenos de briznas de !@#$, un buen complemento al duro e irregular suelo adoquinado; bostezos y estiramientos precedieron casi inmediatamente la entrada de los muchachos al mundo de los sueños.

La noche transcurría apacible, el suave silbido del viento, casi inapreciable, iba de la mano de intervalos de un silencio sepulcral que se quebró abruptamente:

-Saleb ven con nosotros, queremos conocerte, seremos amigos, lo pasaremos bien ¿sí?-

Se despertó alterado por voces agudas e infantiles que súbitamente se introdujeron en su mente, nunca había tenido esa desagradable sensación, era como si estuvieran dentro de su cabeza aporreándole las paredes del cráneo, en un principio, pensó que se había quedado dormido y se trataba de una horrible pesadilla, pero rápidamente descartó esa posibilidad, el malestar que sentía era real, las voces que le sugerían vehementemente que se adentrara en las cloacas, eran reales y se repetían sin cesar.

Un impulso sobrenatural, lo forzó a levantarse en mitad de la completa oscuridad reinante para seguir las indicaciones.
Una vez adaptada la vista a la penumbra, se dio cuenta de que Alben había desaparecido, estaba sólo en esa cavidad, intentó gritar para alertar a los demás chicos que dormitaban en zonas cercanas, pero un débil y apagado hilo de voz fue todo cuanto alcanzó a proyectar por sus sellados labios.

-Por aquí muchacho, muy bien, sigue, sigue adelante, pronto estarás con nosotros-

La intuición le decía que se dirigía a una trampa mortal, sabía que era víctima de algún tipo de embelesamiento, pero era superior a sus fuerzas y en contra de su voluntad, avanzaba lentamente por los cada vez más angostos pasillos; A medida que se adentraba más y más por los interminables corredores, una tenue luz amarillenta iluminaba las ahora irregulares y cavernosas paredes, el aire, viciado y extremadamente caliente, se introducía en sus pulmones y parecía que le quemaba por dentro; Las inocentes voces cesaron, dando paso a otra mucho más profunda y gutural, esta vez no estaba en su interior, la oía muy cerca, en frente, a pocos metros de dónde se encontraba, tal era su intensidad que obligaba al chico a taparse los oídos, pensaba que los tímpanos le iban a reventar, no podría soportarlo mucho más.

-Pequeña y anodina criatura, desprovista de sueños y esperanzas… ¡te concederé el inmenso honor de servirle a éste como receptáculo! -

Saleb que a duras penas podía ejercer algún movimiento voluntario, pudo observar como a escasos metros de dónde se encontraba, se abría paso una enorme cavidad de roca y contornos afilados, montones de huesos se apilaban por todas partes, algunas de esas pilas estaban ardiendo, símbolos profanos adornaban las paredes junto con varios cadáveres abiertos en canal, eviscerados y clavados directamente en la roca manchada de sangre, esculturas grotescas creadas sin duda por una mente perversa; El calor era insoportable, las sombras provocadas por las crepitantes fogatas creaban formas fantasmagóricas que danzaban alrededor del chico, se trataba en su conjunto de una visión horripilante que dejó completamente paralizado a Saleb, si existía el infierno, debía ser muy parecido a ese lugar.

En el centro de la gran bóveda se erigía un altar impío, formado por montañas de cráneos rojizos que habían sido minuciosamente colocados para sostener un ornamentado cofre, repleto de símbolos arcaicos desconocidos para el inexperto ojo del muchacho.

A un extremo de la sala reconoció a su amigo, estaba desnudo, colgado boca abajo como una pieza de carne preparada para abrir en canal, lágrimas de sangre brotaban de su tez, se le escurrían por la frente empapándole el pelo, formando un oscuro charco en el suelo a pocos centímetros de su cabeza.
Saleb, aterrado, se dio cuenta de que le habían arrancado los ojos de forma brutal, desfigurándole el rostro.

Esta vez, la rabia inundó sus pulmones y pudo gritar:

- ¡¿Al, puedes oírme?!¡Alben! -

- ¡Que le has hecho desgraciado! -


Lágrimas de impotencia caían por sus mejillas, nublándole la visión.
La voz adquirió un tono altivo, soberbio:

-¡Silencio! el gran profeta Radament, ocupará tu insulso e insignificante cuerpo para resurgir de sus cenizas y cobrar su ansiada venganza, ¡esos inútiles nephalem serán ejecutados!-

En ese momento Saleb lo vio claro, la magia que le había atraído a ese lugar provenía del ente atrapado en el cofre.

Los pies llagados y en carne viva le ardían, se sentía completamente desprovisto de fuerzas y estaba a punto de desfallecer, pero no se rendiría tan fácilmente, vendería cara su vida y la de su amigo, se infundió coraje, sabía que su única posibilidad pasaba por hacer algo inesperado, cerró los ojos a la vez que inhaló profundamente y en un breve instante de lucidez, corrió a toda velocidad en dirección al cofre para destruirlo e intentar disipar así, el conjuro que lo mantenía cautivo.

Sorprendido a la vez que molesto, el ser reaccionó gritando:

- ¡Cogedle imbéciles! ¡Cogedle! -Gritó la voz visiblemente enojada.

Dos pares de manos huesudas salieron súbitamente por ambos lados de Saleb sujetándolo con fuerza de los antebrazos y deteniendo su avance.

-¡Soltadme! ¡Que me soltéis malditos! -Gimió desesperado.

Saleb se removía bruscamente tratando con todas sus fuerzas de zafarse de tan terroríficas criaturas, pero sus dos captores esqueléticos, impasibles, no aflojaron un milímetro su férrea sujeción, temía que sus escasas opciones de salir con vida de ese lugar se habían esfumando.

-¡Traedlo! Insecto despreciable… ¡¿Como osas desobedecer a un ser supremo?!¡Arrodíllate!-La criatura confinada en el cofre no reprimiría su ira ante semejante acto de rebeldía.

Los esqueletos tiraron de sus brazos obligándole a hincar las rodillas en el suelo.

-Tu… amigo, no era digno de albergar el poder y la grandeza de Radament, pero tranquilo, su sacrificio no será en vano, todos sus órganos le serán extraídos uno a uno, le servirán a éste para sus rituales de invocación, en cuanto a ti… ¡tu sufrimiento no tendrá fin, serás esclavo en tu propio cuerpo para toda la eternidad!-
_Capítulo I_

Muerte en las cloacas (Segunda parte)


Unas decenas de metros más arriba, en algún punto al norte de la ciudad, un viejo ojeaba pacientemente viejos pergaminos a la luz de las velas, vivía rodeado de libros, estaban por todas partes, apilados en montones por el suelo, en armarios y estanterías repletas hasta los topes, a ojos de cualquier otro mortal podría parecer un auténtico caos, pero no para él, el anciano de pobladas cejas grisáceas, tez oscura sumamente agrietada y una larga, fina y ondulada perilla, no era lo que parecía a simple vista, tiempo atrás tuvo otro nombre, ya casi lo había olvidado, formaba parte de un pasado que bajo ningún concepto pretendía rememorar, desde que llegó a Lut Gholein, se le conocía como Drognan, en estos últimos años de retiro, fuera de algunas situaciones excepcionales, había llevado una vida tranquila y sosegada, una vida contemplativa dedicada a la lectura, al estudio y la interpretación de todo tipo de libros, pergaminos y manuscritos ancestrales.

Llevaba varios meses intentando descifrar el alcance y veracidad de una profecía en concreto, ésta promulgaba la inminente caída de una estrella del cielo, trayendo consigo un reguero de muerte y destrucción, su infructuosa búsqueda había llegado a un punto muerto.

-Hay algo que no encaja, ¿qué papel jugará el arcángel Tyrael en todo esto? ¿Porqué, se suceden casos de fenómenos demoníacos a lo largo y ancho del mundo?- Tenía la sensación, el funesto presagio de que algo terrible estaba por acontecer, algo del calibre de los acontecimientos de hacía casi una década.

Tan absorto estaba en su ardua tarea, que no se había percatado del torrente de energía elemental que se desataba en las profundidades de la ciudad.
De repente, unos golpes ansiosos y desesperados arremetieron contra la madera medio carcomida de la puerta de entrada a su humilde cabaña, haciéndole despertar de sus aletargantes pensamientos.

-¡Drog! ¡Drognan, soy Lysander! ¡Abre la maldita puerta!-gritó una voz puntiaguda desde el otro lado.

En ese instante se dio cuenta del estallido mágico que se perpetraba a escasos metros de dónde se encontraba y supo la razón de la inesperada visita de su viejo amigo, al abrir la puerta, el hombre, aún más viejo que él, agitaba los brazos nervioso, llevándose las manos a la despoblada y despeinada cabellera blanca que a duras penas le cubría el cráneo, se había vestido a toda prisa, llevaba una deshilachada bata de dormir que dejaba al desnudo sus delgadas y huesudas piernas confiriéndole un aspecto de lo más cómico, pero ese no era momento de bromear, pensó Drognan.

El anciano alquimista, intentaba recomponer la compostura para articular palabras que parecía que se le atragantaban, pero antes de que pudiera abrir la boca, Drognan le puso la mano en el hombro en señal de comprensión.

-Acabo de percibirlo Lysander, un poder demoníaco se ha desatado bajo nuestros pies-Vaticinó preocupado.

-¿Que vamos a hacer? Estamos muy viejos para esto- sentenció Lysander, lamentando su suerte.

-Su maligno poder aún no está completo, es inestable y débil, debemos darnos prisa, sé discreto, coge todas las pociones y ungüentos que podamos necesitar, nos encontraremos en la entrada sur de las cloacas cuanto antes ¡date prisa!-


Mientras el viejo alquimista se dirigía renqueante a su chabola, a sólo unas pocas calles de distancia, Drognan hizo lo propio, con un giro suave se colocó su anaranjada túnica de seda, cogió varios pergaminos cuidadosamente enrollados de un baúl escondido bajo la cama y agarró un largo bastón de cuerpo de roble, engarzado en su parte superior por una gema rojiza, que parecía relucir con luz propia cuando entraba en contacto con los dedos del anciano.

-"vistarek aluum rhist"-Murmuró Drognan para sus adentros, conectando su alma a la de su preciado bastón, mucho tiempo había pasado desde la última vez que tuvo que utilizarlo, aunque nunca sería el suficiente, se lamentó cabizbajo.

Los dos compañeros se encontraron minutos después e iniciaron el descenso por los laberínticos corredores de las cloacas; el mago iba delante, alumbrando el camino con la radiante gema de su bastón, emitía una luz cálida, lo suficientemente potente como para seguir avanzando, a pocos pasos de distancia le seguía Lysander cada vez más encorvado, tratando de seguir el ritmo, renegando y lanzando improperios debido al malestar que le causaba la pestilencia que inundaba sus fosas nasales, el olfato era uno de los pocos sentidos que aún conservaba intacto, su vista había empeorado con los años y estaba medio sordo debido a varias explosiones accidentales durante el transcurso de sus investigaciones alquímicas.

Mientras tanto en la cueva, el cofre que contenía los restos de Radament se abrió, desencadenando un flujo de sombras que silbaban cortando el aire a su paso arremolinándose alrededor del chico, podía oír la voz de ese monstruo por todas partes, sus palabras se le colaban por cada poro de la piel como espinas ardientes desgarrando su atormentada alma.

-"sezen morlut mekiz dar" "alhmer umbaala tifund..."-

Las extrañas oraciones sin sentido aparente, parecían danzar con vida propia, se encadenaban unas a otras en perfecta comunión.

Sin interrumpir su macabro conjuro, volvió a introducirse en la mente de Saleb, estaba sorprendido a la vez que furioso, precisamente había elegido al chico pensando que sería una presa fácil de poseer, aún no se había materializado, por lo que no disponía de todo su poder, no podía arriesgarse con un espécimen adulto, nunca hubiera imaginado que una criatura tan simple y débil ofrecería semejante resistencia.

-¡Ya queda muy poco! ¡No luches más insensato! tanto sufrimiento no te servirá para nada, ya estas sentenciado ¡entrégale tu cuerpo a éste!-Vociferó irritado.

Poco a poco, la obcecada mente del muchacho dejó de resistirse, el intenso dolor inicial se desvanecía, las palabras se volvieron susurros lejanos y empezó a sentirse ligero, liviano como una pluma mecida por la brisa marina.

Sus ojos verdes se apagaron y los colores paulatinamente fueron desapareciendo para dar lugar a tonos grisáceos y sombras difuminadas, finalmente una oscuridad abrumadora se apoderó de todo.

Le pareció adentrarse en una especie de sueño, rostros inexpresivos aparecían ante él, algunos le eran familiares, un escaparate móvil de caras unidas a formas abstractas que se fundían en espiral.

-¿Papá?, ¿Mamá?-

Esos seres le murmuraban palabras que no alcanzaba a comprender, se iba adentrando cada vez más en ese mundo de sombras, susurros y gritos.
_Capítulo I_

Muerte en las cloacas (Tercera parte)


Cuando todo parecía perdido, se oyeron unas palabras ininteligibles que inundaron la sala, inmediatamente después, un par de relucientes proyectiles arcanos salieron del estrecho pasillo de roca e impactaron con precisión quirúrgica sobre los brazos descarnados que sujetaban a Saleb, seccionándoles los huesos a la altura de los codos liberando así el cuerpo del muchacho que se desplomó inconsciente.

-¿Que está pasando? ¿Quién es el necio que osa interponerse en los asuntos del gran Radament? -Interrogó la voz contrariada.

Por la entrada de la caverna apareció Drognan empuñando su bastón en dirección al cofre.

-Radament el Caído, ese chico no te pertenece, ya no existe lugar para ti en Santuario ¡Vuelve a los infiernos abrasadores engendro!- Gritó amenazadoramente el mago.

-¡Hahahaha!- Emitió una carcajada nerviosa.

- Me acuerdo de ti despreciable desecho de vizjerei y también recuerdo como no tuviste el valor para hacer nada mientras éste mataba a la gente de tu pueblo, pero tranquilo, ¡Pronto te reunirás con ellos! ¡Hahahaha!-

Sus palabras y sus burdas risotadas eran simples provocaciones para desconcentrar al mago, él lo sabía y no caería en su juego.

-Desconozco las sucias artimañas que has utilizado para volver a este mundo, ¡Pero juro por la familia de Atma y por todos los habitantes de esta ciudad que hoy mismo desaparecerás para siempre!-

-Éste ya no es el insulso y decepcionante Horadrim que fue en vida... ¡Se le concedió el verdadero poder de los infiernos! ¡No oses subestimarlo mortal!-Esgrimió el ente maligno.

Las pilas de huesos carmesí cercanas al cofre se elevaron, conformando cuatro esqueletos de dedos llameantes que a la señal de su amo, lanzaron al unísono descargas ígneas hacia Drognan, en ese momento, Lysander que se había mantenido al margen, sacó del cinto un brebaje de un color cobrizo muy poco apetecible, se lo bebió de un sorbo y acto seguido se puso delante de su compañero, sin apenas esfuerzo, mediante unos suaves movimientos de su bastón, interceptó los ardientes proyectiles que se disiparon inmediatamente.

-¡Malditos, caerá sobre vosotros toda la furia del nuevo señor de los infiernos!-Espetó Radament fuera de sus casillas.

Mientras los cuatro esqueletos magos preparaban su próxima descarga, se les añadieron tres esqueletos guerreros más, ataviados con antiguos yelmos oxidados, portando rudimentarios escudos y hachas melladas, los dos antiguos captores del muchacho también se unieron a la refriega, recogieron sus miembros cercenados y los blandieron a modo de mazas; un pequeño ejército de no muertos se erigía ante los ojos de los dos compañeros, seres de ultratumba sin miedo ni dolor, ni una sombra de dudas que les perturbara, ni un atisbo de humanidad que les hiciera rebelarse o cuestionar la voluntad de su invocador, avanzaban infatigables, eran seres implacables que cumplían ciegamente todos los deseos de su amo.

Pero Drognan no vacilaría ante tal desesperada demostración de poder.

-Lycander hazte a un lado, "ersen modur tival"- Pronunció las místicas palabras pausadamente.

-Con exagerada calma y sosiego-Pensó Lysander, molesto y nervioso por la absoluta serenidad y parsimonia con la que su compañero afrontaba la delicada situación en la que se encontraban.

Extendió los brazos hacia sus inexpresivos enemigos y una diminuta esfera violeta apareció en medio de sus atacantes, en cuestión de segundos, la esfera empezó a crecer absorbiendo toda la materia que se encontraba en sus inmediaciones, los esqueletos magos en la retaguardia, ya habían lanzado la segunda tanda de proyectiles de fuego, pero éstos fueron desviados de su certero rumbo atraídos por la creciente esfera y empezaron a girar alrededor de ésta, describiendo circunferencias más pequeñas con cada vuelta, como el agua que se arremolina en los sumideros antes de desaparecer; los guerreros esqueleto intentaron seguir con el avance en vano; huesos, piedras, fuego, cascos, hachas y escudos fueron engullidos sin distinción, todo sucumbió al poder succionador del agujero negro que se replegó sobre sí mismo con una violenta implosión, después del estruendo solamente quedó polvo y humo.

Había sido arriesgado, pero había tenido que esperar a que los esqueletos se alejaran del chico o el potente hechizo se lo habría llevado a él también, pensó.
Parecía que la balanza se decantaba a su favor, pero Drognan había gastado gran parte de sus reservas de poder arcano con el último hechizo y los cuatro esqueletos magos aún intactos, no se detendrían.

Viendo a su compañero exhausto, Lysander tomó la iniciativa.

-Yo me encargo Drog, tú coge al muchacho y apártate-Dijo decididamente el alquimista, que se había venido arriba con el rotundo éxito de su patentada poción neutralizadora de hechizos.

Un escalofrío recorrió la espalda del mago, Drognan temía que su viejo amigo se envalentonase demasiado, en más de una ocasión sus extraños experimentos habían ocasionado múltiples desperfectos en su casa y alrededores; le vino a la mente aquella vez que provocó una nube tan densa y oscura, que durante varios días sumió a la ciudad entera en una noche permanente, en un principio, los aterrados ciudadanos llegaron a pensar que una nueva invasión demoníaca se cernía sobre sus cabezas.

-¡Por favor Lysander ten cuidado!- le imploró el mago mientras se alejaba con el muchacho entre los brazos.

-¡El niño le pertenece a éste! ¡Atacad inútiles!-La desesperación, la impotencia y una rabia desmesurada eran plausibles en la voz del Horadrim caído, sus planes se estaban viendo truncados por un par de viejos entrometidos.

Los dedos de los esqueletos volvieron a chispear mágicamente llenándose de abrasadoras llamas, que una vez más, proyectarían contra los intrusos.
Al mismo tiempo, Lysander sacó unas raíces ennegrecidas de un pequeño saco colgado de su cinturón, las presionó fuertemente frotándolas entre las palmas de sus manos y de un intenso soplido, esparció el polvo resultante, diminutas partículas flotantes formaron una nube amarillenta en dirección a los ardientes esqueletos, estos, sin inmutarse lanzaron sus letales descargas flamígeras, a los pocos metros entraron en contacto con la nube y la reacción resultante desencadenó una violenta deflagración.

- ¡Noooooo¡-Un último grito quedo ahogado por el ensordecedor rugido del fuego.

Inmediatamente después se hizo el silencio y una nube de humo negro inundó la caverna, Lysander tosía protegido dentro de su túnica ignífuga.

-La experiencia es un grado-murmuró satisfecho.

Al disiparse el humo, pudieron observar la caótica escena, los esqueletos se habían volatilizado, en su lugar un amasijo de restos humeantes y cenizas cubría la zona, tampoco quedaba nada del herético altar de huesos.

Drognan comprobó que el muchacho aún respiraba y lo dejó al cuidado de un eufórico Lysander.

Observó el cadáver del niño colgado boca abajo y brutalmente mutilado, comprobó con tristeza que era demasiado tarde para él, la vida lo había abandonado unos instantes atrás, lo descolgó y dejó suavemente en el suelo, volverían en otro momento para dar un entierro digno a todos esos cuerpos, pobres víctimas torturadas por el monstruo.

Se acercó para inspeccionar los restos y cerciorarse de que ese malnacido no volviera jamás; cuando estaba a punto de marcharse convencido del éxito de su cometido, un destello entre las cenizas captó su atención, con la punta del bastón removió el montón de desechos humeantes y allí estaba, un resplandeciente artefacto dorado que parecía llamarle desde la distancia, estaba cubierto por una débil y extraña aura, Drognan percibió una magia poderosa morando en su interior, se lo metió en un pequeño bolsillo cosido en la parte interior de la túnica, lo analizaría más detenidamente en otro momento desde la confortable tranquilidad de su estudio, ya habían tenido suficientes emociones ese día.
_Capítulo II_

Una nueva oportunidad


La puerta crujía con cada envite del viento de la tarde, el sol ya de caída y la escurridiza arena, se colaban por los orificios de las persianas destartaladas y no se oía ni un alma por las calles.

- ¿Dónde estoy? -

Ante sus ojos, una estancia abarrotada, repleta de vasijas, recipientes y conductos, los había de todos los colores y formas; encima de una gran mesa central, una sustancia terrosa desprendía gases rojizos que se canalizaban desde un cilindro cónico y fluían a través de una enrevesada red de tuberías con decenas de bifurcaciones, había otros recipientes que contenían multitud de tipos de hierbas que el chico no conseguía identificar, en una gran recipiente contiguo en forma de óvalo, una masa viscosa burbujeaba encima de la llama de una vela, varios pergaminos con recetarios estaban esparcidos en un rincón.
Una amalgama de olores saturaba su olfato y le sobrevenía un latente dolor de cabeza, intentó levantarse pero todo le daba vueltas y a duras penas lograba mantenerse en pie.

-Hey! Tranquilo chico, estas en mi casa, soy Lysander el alquimista, aún estás muy débil, tienes que descansar- Dijo el viejo entrando por la puerta.

- ¿Que ha pasado? ¡Alben! ¿Dónde está Alben? -Inquirió Saleb desesperado.

- ¿Alben era un amigo tuyo? ¿Estaba ahí abajo contigo? lo siento muchacho, pero el único superviviente que encontramos en esa caverna fuiste tú, enterramos a las demás víctimas en el cementerio-

Prosiguió Lysander con gran pesar.

Has estado tres días inconsciente, empezábamos a temer lo peor, estuviste a punto de morir allí abajo, suerte que Drog y yo llegamos a tiempo para destruir esa despreciable abominación…pronto tendrás tus respuestas, pero primero recobra tus fuerzas-

Entonces las terribles pesadillas que había sufrido durante su estado comatoso, eran reales, la muerte, el dolor, su amigo agonizante, todo había ocurrido de verdad.

-No…Alben…-

La desidia y la resignación se apoderaron de él, ya no le quedaban lágrimas que derramar.

Después de tan traumática experiencia, el chico nunca volvería a ser el mismo, había perdido a su único y mejor amigo, había abrazado a la misma muerte mirándola directamente a los ojos y había regresado, por ese entonces, aún no era consciente del extraño vínculo que había forjado, una conexión con los espíritus del más allá, una puerta abierta entre su mente y los etéreos seres de ultratumba.

Una vez recuperado, fue acogido por Lysander, se convirtió en su fiel ayudante, su sed de conocimiento y su pericia sorprendieron al viejo, en unos meses ya conocía complicadas recetas y realizaba intrincados brebajes y pociones que algunos alquimistas tardaban años en comprender y perfeccionar.
La unión extra-terrenal que se había forjado durante el accidente en las cloacas, empezó a hacerse patente en su aspecto; su piel, antes bronceada por el sol y su oscura cabellera, iban perdiendo pigmentación, esta paulatina transformación le confería un aspecto enfermizo, casi cadavérico, en contraposición, sus ojos cetrinos parecían resplandecer con más vida.
Drognan iba a menudo a visitarles, sabía que la inteligencia del chico era poco común, tenía un fuerte presentimiento, creía que jugaría un papel importante en el caso de que la profecía fuera cierta y una invasión demoníaca se cerniera de nuevo sobre el mundo de Santuario.

Una mañana, Saleb salió temprano, necesitaba un sobre de raíces de Melandro, muy codiciadas gracias a sus reconocidas cualidades regenerativas, las había pedido por encargo hacía algunas semanas al extravagante Elzix, comerciante y dueño de la posada de incongruente nombre "La lluvia del Desierto" ya que eran imposibles de encontrar por esos áridos lares, pero eran muy comunes en las húmedas selvas Toraja en el Sur Oeste de Kurast. Elzix, había perdido un ojo y parte de una pierna a causa de varios intentos de asesinato perpetrados durante su época de bandido, aun así, tenía más vista que la mayoría de la gente, sabía cómo atraer el dinero, en un alarde de prepotencia, se había jactado de la facilidad de conseguir esas raíces, decía disponer de contactos por todo Santuario, pero una semana más, volvió a soltarle otra poco elaborada excusa y Saleb molesto, se marchó de nuevo con las manos vacías.

Estaba a punto de entrar en casa, pero se detuvo en seco, dentro, Lysander y Drognan mantenían una acalorada discusión:

-Lleva demasiado tiempo bajo tu tutela, debemos dejarle marchar, le llevaré con Kara, ella le guiará y enseñará todo lo que necesita saber…-Se explicaba el mago con absoluta convicción hasta que fue interrumpido por un alterado Lysander:

- ¡No! ¡Aún es demasiado joven! Además ¿Por qué tiene que seguir tus pasos? Puede llegar a ser un gran alquimista, uno de los mejores, por cierto-

Drognan prosiguió, intentando hacerle entrar en razón.

-Lysander, sé que estás preocupado por el chico, yo también lo estoy, pero la profecía se cumplirá, las señales son cada vez más palpables y evidentes-

-Pero tú mismo lo has podido constatar y me lo dijiste en innumerables ocasiones, apenas tiene afinidad con la magia elemental, los Vizjerei no le admitirían…-

-Sabes que no pretendo llevarlo con los Vizjerei, ese día, en las cloacas, forjó un inusual y muy poderoso vínculo con los espíritus, has visto la facilidad con la que se entiende con ellos, la gente lo ve por la calle con su pelo alabastro y su piel pálida "hablando con el viento" y lógicamente piensan que esta poseído, pero tú sabes la verdad, aunque te cueste aceptarlo, el camino de Rathma le aguarda.-

Lysander se quedó mudo, sabía que su viejo amigo tenía razón, en realidad no tenían otra opción.

-Si lo dejamos ir, es muy probable que acabe muerto…-
En ese momento abrió la puerta y durante unos breves, pero tensos instantes se hizo el silencio.

- ¿De verdad van a volver los demonios? -
Se le formó un nudo en el estómago al imaginarse lo que significaban esas palabras, su nuevo y emocionante futuro, todo lo que quería conocer y aprender se vería de nuevo truncado por la destrucción y el caos.

-Saleb, hasta ahora te hemos mantenido al margen, pero debemos prepararte, iremos al Oeste, más allá de las interminables serraladas de Tamos, a las tierras salvajes de Sharval dónde se encuentra una vieja amiga, ella te enseñará a entender tus visiones y a usar el vínculo con el mundo espiritual a tu favor-

- ¿Es una sacerdotisa de Rathma? He oído historias sobre sus artes oscuras, se dice que pactan con la muerte, que no son mejores que los demonios, les llaman nigromantes-

-Pero tú eres un chico listo, has leído sobre la historia de Santuario, sabes que eso solamente son habladurías, elucubraciones llanas, despectivas y tendenciosas que se han esforzado por difundir desde algunos círculos de magos, los hijos de Rathma se rigen por un estricto equilibrio y su orden nunca ha sucumbido a la corrupción demoníaca, cosa que no puede decirse de otros clanes de magos… Prepárate, descansa bien esta noche, partiremos mañana al alba, nos aguarda un arduo y largo camino-

Se pasó la noche en vela, nunca había salido de Lut Gholein, ahora, llegado tan ansiado momento, le embargaba una sensación apabullante, un aluvión de emociones contrapuestas, el peso de los sueños tornándose realidad sin poder compartirlos con su amigo, se sentía mareado, salió a tientas de la casa y recorrió las calles bañadas por la luz de la luna, ya no le parecían las mismas que había recorrido todas las noches de su vida, trepó por un irregular muro de piedra y barro para alcanzar la muralla, se sentó en su sitio predilecto, podía ver tanto la inmensidad del vasto desierto como el interminable mar, cuantas veces se había sentado ahí con Alben, imaginando como sería el mundo y finalmente aunque solo, el día había llegado, si conseguía volver, sabía que las cosas nunca volverían a ser lo mismo, pero se hizo jurar que al menos una vez, regresaría a ese lugar para honrar la memoria de su amigo y la del lugar que hasta ese entonces le había visto crecer.
_Capítulo III_

El viaje (Primera Parte)


Los primeros rayos de sol dibujaban formas serpentinas que se escurrían entre las dunas, Saleb se dio la vuelta, apenas podía vislumbrar Lut Golein a lo lejos, no era más que una diminuta mancha oscura flanqueada por dos frentes de arena y agua; conforme iban avanzando y el sol ocupaba su trono en el cielo, el calor en Aranoch se intensificaba.

Las horas transcurrían lentas y pesadas, el joven, obcecado en sus pensamientos con los ojos fijos en la arena, seguía ciegamente las huellas del mago hasta que un silbido provocado por el creciente viento, hizo que levantara la mirada y una sensación de aislamiento absoluto se apoderó de él, mirase a dónde mirase todo era arena, ninguna edificación, vegetación o formación rocosa se divisaba en el horizonte.

-Solamente arena…-

Ahora entendía como un viajero incauto podía fácilmente perder la cordura e incluso la vida en ese ambiente tan hostil, por suerte para ellos, Drognan no parecía dudar un instante respecto al rumbo que debían seguir, eso tranquilizaba en parte al muchacho, por el contrario, aún quedaban los incontables y abundantes peligros característicos del lugar, ya fueran en forma de descomunales escarabajos capaces de realizar descargas eléctricas que freirían a un fornido hombre en segundos, de gigantescas avispas que disparaban dardos mortalmente tóxicos a larga distancia o de inmensos gusanos de arena ocultos bajo las arenas con las fauces completamente abiertas, esperando pacientemente un paso en falso de algún caminante distraído.

Así pasaron varios días con sus respectivas y perturbadoras noches, dónde ni un alma parecía atreverse a quebrar el silencio sepulcral reinante, incluso el leve sonido del fuego de su improvisado campamento parecía apagado, absorbido; para sorpresa del joven, ninguno de los horripilantes seres que tantas historias habían alimentado se había cruzado en su camino, aunque en un principio sospechó de la influencia mágica de Drognan sobre su buena fortuna, su intuición le decía que se trataba de algo mucho más poderoso y oscuro, su mera existencia amedrentaba a todas las criaturas relegándolas a las sombras, la noche ya no les pertenecía; trató de no pensar en el origen de ese inmenso poder y temía importunar al mago con preguntas de las que en realidad no quería saber la respuesta, poco a poco la danza hipnótica de las llamas y el cansancio lo sumieron en un profundo sueño.

Con un amanecer incipiente y rojizo, los dos viajeros retomaron el camino, recogieron sus enseres y prosiguieron rumbo noroeste, la silueta desdibujada de las montañas empezaba a posicionarse en el horizonte, aunque todo parecía indicar que otro pesado, aburrido y sofocante día les aguardaba por cortesía del implacable desierto de Aranoch.

Con el transcurrir de las horas, los silbidos provocados por el viento aumentaron su frecuencia e intensidad:

-Se acerca una fuerte tormenta de arena, debemos apresurarnos, allí hay unas rocas que nos servirán de cobijo hasta que la ira del desierto amaine-
La tranquilidad con la que el mago afrontaba las situaciones límite asombraba a Saleb, algún día esperaba tener su templanza y sabiduría.

En efecto, ante sus cansados ojos a sólo un centenar de metros, se alzaba una pequeña formación rocosa, parecía estar puesta allí para ellos que la necesitaban en ese preciso instante, ya no cuestionó el origen de ese golpe de suerte, simplemente lo agradeció y a pesar de la pesadez de piernas y el intenso dolor de pies aceleró el paso.

Un ruido ensordecedor seguía sus pasos, a sus espaldas una gigantesca ola de arena se alzaba hasta el cielo cubriéndolo todo a su paso y formando varios tornados que absorbían la arena circundante, remolinos espesos que crecían por momentos; el viento huracanado retrasaba su avance, esos últimos metros se le estaban haciendo interminables.

- ¡Al fin! - Exclamó Saleb visiblemente aliviado.

Una vez en las rocas, se introdujeron por una estrecha gruta, agazapados podían ver como la imponente columna de viento y arena se les acercaba, la naturaleza les estaba mostrando su faceta más cruda y salvaje una demostración de poder desatado y de furia descontrolada, las piedras de su improvisada guarida, de varias toneladas de peso, temblaban y vibraban como si fueran de mimbre, parecía que iban a romperse en mil pedazos, con el torbellino encima, ese lugar ya no garantizaba en absoluto su integridad.

Drognan realizó el ritual para iluminar su bastón y se internó en la gruta, a los pocos metros encontró una estrecha grieta que permitía el paso a un pasaje inferior.

Las piedras de sus cabezas empezaban a desmoronarse, amenazando con aplastarlos de un instante a otro.

-Saleb, escúchame con atención, entra en la grieta, te encontrarás un amplio corredor, es un túnel excavado por los gusanos de arena, estos pasajes pueden ser laberínticos, guíate por tus sentidos, sigue por dónde el aire sea menos viciado y encontrarás la salida, una vez en las montañas, escóndete bien y cuando caiga la noche mantente siempre alerta-

Una piedra de considerables dimensiones, impactó contra el suelo a un par de metros de distancia de dónde se encontraban, proyectando arena en todas direcciones y formando una neblina de polvo que les forzó a toser.

- ¡No voy a ir sólo! ¡Me quedaré contigo! - La desesperación se apoderaba de sus palabras.

-Saleb, no tenemos tiempo, estarás bien, no te preocupes por mí, nos encontraremos dentro de dos días en el paso de Ferhem, si no estuviera allí sigue el mapa, siempre en dirección noroeste hasta llegar a la aldea de Kroth, una vez allí pregunta por Kara-

Finalmente el muchacho accedió a las peticiones del mago y se introdujo en la estrecha y angosta brecha, todo y ser muy delgado, a duras penas consiguió atravesarla, descendió con cuidado por la pared cóncava del túnel hasta que finalmente unos metros más abajo, hizo pie acompañado de un crujido como de hojas secas, la oscuridad era casi total, una tenue luz provenía de la pequeña grieta, se oyó un fuerte estruendo, una cascada de arena fluyó por la entrada antes de quedar sellada por completo, el túnel se sumió en la oscuridad; el ruido de la tormenta quedó atenuado, pero las vibraciones proseguían, tenía la sensación de que toda la tosca estructura podía venirse abajo en cualquier momento.

En pocos segundos, que le parecieron horas, una calma desgarradora se adueñó del lugar.

-¿Drognan estás ahí? ¿Puedes oírme? ¡Drognaaaan! Por favor contéstame-

Sus suplicas no obtuvieron respuesta, cogió una antorcha de la mochila y después de varios intentos, le prendió fuego.

Bajo sus pies yacía un pequeño esqueleto de algún tipo de roedor, tenía las costillas hechas añicos debido a su pisada anterior, los huesos parecían recientes y estaban extrañamente limpios, relucientes.

Era evidente que el ovalado túnel no había sido construido por ningún humano, miró hacía ambos lados esperando encontrar indicios que le indicaran la dirección correcta pero el aire estaba viciado allí abajo, no se percibía ni una leve brisa en ninguna de las dos direcciones, cada vez se sentía más oprimido, una sensación claustrofóbica recorrió todo su cuerpo, solo veía dos agujeros idénticos y oscuros, dos gargantas titánicas amenazando con tragárselo en cualquier momento, tenía que salir de allí cómo fuese; avanzó sin mucha convicción intentando hacer el mínimo ruido posible, luchaba contra los malos pensamientos que le sacudían la mente -¿Estaría vivo Drognan? ¿Saldría con vida de este laberinto?-

Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos temblores que parecían dirigirse directamente hacia su ubicación, la imagen de un gigantesco gusano de arena se formó nítidamente en su cabeza, una inmensa criatura moviéndose amenazadoramente a toda velocidad, engulléndolo todo a su paso; aterrado, dio media vuelta y se echó a correr en sentido contrario al ruido con todas las fuerzas que le permitían sus agarrotadas piernas.

Los temblores se tornaron fuertes sacudidas que amenazaban con tirarle al suelo, pero sabía que una caída significaría su perdición, el rugido del monstruo al detectar la presa fue brutal, un olor nauseabundo se adueñó del lugar, era el olor de la misma muerte pisándole los talones, no osó girarse, decidió correr hasta el final, el aliento fétido inundaba sus fosas nasales, miró hacia adelante y vio la luz al final del túnel, no, aún no estaba muerto, era real, la libertad le aguardaba a unos pocos metros, lanzó la antorcha hacía atrás provocando que la visión del fuego desconcertara momentáneamente al monstruo, durante unos preciosos instantes detuvo su avance, Saleb aprovechó la oportunidad para trepar a lo alto del túnel hasta la salida, una vez fuera, se arrastró por la arena lo más lejos que pudo del agujero, estaba exhausto, el enorme gusano salió como una erupción volcánica inmediatamente por detrás del muchacho, levantando ríos de arena que se escurrían por su viscoso e hinchado cuerpo, se elevó tres metros sobre la superfície, erguido cual palmera y con las fauces abiertas, mostrando en su interior decenas de hileras irregulares de dientes a modo de sierras, el descomunal animal se disponía a tragarse al indefenso joven, pero una violenta deflagración tuvo lugar cerca de la cabeza del gusano que hizo que se tambaleara aturdido, antes de que pudiera recomponerse, una rápida sucesión de explosiones impactaron en varios segmentos de su cuerpo expuesto, después de varios rugidos rabiosos y con partes de su grotesca anatomía seriamente chamuscadas se introdujo de nuevo en el agujero.

Saleb no tuvo tiempo de ver quien o quienes le habían salvado, antes de que pudiera girarse recibió un fuerte golpe en la nuca que lo dejó inconsciente.
_Capítulo III_

El viaje (Segunda Parte)


Se despertó sobresaltado, ¿Había sido todo una cruel pesadilla?

Un constante y grave repiqueteo de tambores lo devolvió a la cruda realidad, estaba ante una gran pared de roca, había caído la negra noche y el resplandor de lo que parecía una hoguera quedaba a varias decenas de metros a su espalda, intentó voltearse pero un dolor punzante recorrió su espina dorsal haciendo que se estremeciera, había recibido un fuerte golpe y aún se sentía aturdido, por si fuera poco estaba férreamente atado de manos y pies.

Gritos ansiosos e inhumanos se mezclaban con el eco de los tambores, Saleb intuyó que debía encontrarse en una gran cavidad de alguna gruta entre las montañas, pudo distinguir rudimentarios dibujos trazados toscamente en las desgastadas paredes de la cueva, ilustraciones que representaban escenas de cacerías y sangrientos duelos; esos cuerpos humanoides con rasgos de grandes felinos le eran familiares; eran Lacunis, seres agresivos y territoriales, distribuidos en pequeñas tribus por todo el desierto, eran dueños de las montañas fronterizas y emboscaban a todo incauto que se aventurara a cruzarlas.

Destellos rojizos se proyectaban en la roca tambaleándose y dotando a los dibujos de una ilusoria sensación de movimiento, se le encogió el corazón al sentir que se encontraba en una situación similar a la cueva bajo las cloacas de Caldeum; más de dos años habían transcurrido desde esos fatídicos hechos que le perseguían en sueños y habían cambiado su vida para siempre.

Una mano lo sacó de su estupor agarrándolo por las ataduras de los pies y arrastrándolo con una fuerza brutal, el corpulento Lacuni caminaba sin apenas esfuerzo a pesar de las insistentes sacudidas de Saleb que se revolvía y agitaba ansioso en un vano intento por zafarse; lo lanzó bruscamente como si fuera un simple saco de patatas a un par de metros de la creciente hoguera, el calor era sofocante, todas esas bestias empezaron a congregarse a su alrededor, gruñían y rugían en una especie de frenesí sangriento; a un metro por encima de las llamas una trilladora de duna empalada y medio calcinada giraba por medio de una rudimentaria manivela accionada por otro gran Lacuni que brincaba ansioso, babeando a cada giro.

Una imponente Lacuni de pelaje negro y perturbadores ojos rojos como el fuego, miraba la escena desde lo alto, impasible, sentada en su trono tallado directamente en un saliente de roca.

Saleb se quedó en estado de shock, iba a ser el segundo plato de un suculento banquete para hambrientos Lacunis; La idea de morir abrasado le horrorizaba, se quedó paralizado con los ojos clavados en el fuego mientras el portentoso Lacuni lo ataba a un palo para colocarlo encima de las llamas, los gritos se intensificaban, no se trataba sólo de alimentarse, era un ritual, una ofrenda de muerte.

Ciertamente el mundo empezaba a desmoronarse, la locura y la corrupción de los infiernos se estaba apoderando de toda criatura viviente, ese era un claro ejemplo de tal macabra tendencia.

A la señal de la jefa Lacuni, lo colocaron encima de las llamas,
las lenguas ardientes prendieron sus ropajes y entraron en contacto con la piel de su rostro, piernas y brazos, retrayéndola y arrugándola irreversiblemente, profirió un último grito ahogado antes de perder el conocimiento debido al intenso dolor; repentinamente se le abrieron los ojos de par en par, dos orbes blancos relucían en su interior, algo se había apoderado de su cuerpo, un torrente de energía surgió de la nada apagando el fuego y dejando la caverna fría y a oscuras, los Lacunis desconcertados y confundidos empezaron a correr en todas direcciones aullando; el cuerpo de Saleb imbuido en un aura blanquecina, se elevó lentamente mientras sus labios murmuraban antiguas palabras en un idioma ya olvidado; los Lacunis tapaban sus oídos en un desesperado intento por evitar el dolor desgarrador que les producían esas palabras, pero fue inútil, la potente maldición se cernió implacable sobre ellos, se retorcieron mediante fuertes espasmos que quebraban sus huesos y rasgaban su pieles, una espuma amarillenta se escurría por sus mandíbulas desencajadas, hasta que finalmente quedaron todos inmóviles; el cuerpo de Saleb descendió suavemente y se posó sobre la arena, todo quedó en un silencio sepulcral.
_Capítulo III_

El viaje (Tercera Parte)


Unas horas antes, en el momento en que los dos viajeros se separaron, Drognan escuchó que la tormenta iba acompañada de palabras tenebrosas que se confundían con el silbido del viento, rápidamente se dio cuenta de la naturaleza mágica del fenómeno desatado, un potente hechizo camuflado entre los remolinos de aire y arena había sido lanzado deliberadamente contra ellos.

-Vizjerei… ¡Moriréis sepultados en este desierto! - Exclamó una irritante voz proveniente del centro de la tormenta.

Una vez puso al chico a cubierto, Drognan salió de entre las rocas que se desplomaban a su alrededor, cubriéndose el rostro con un brazo y sosteniendo firmemente el bastón con el otro, dirigió toda la atención hacia su atacante;

- ¡¿Quién eres maldito bastardo?! ¡Muéstrate! -

-Cuida tus palabras escoria insignificante, abandona toda esperanza y puede que te conceda una muerte rápida y algo menos dolorosa, soy Xernith, Señor de la Perfidia y para ti, también soy el final del camino, desgraciado mortal-

Una silueta retorcida se distinguía en el ojo de la tormenta, de forma humanoide, pero con las extremidades deformadas, extremadamente largas y delgadas y una cabeza igualmente esbelta y estirada hacia atrás, grotescamente adornada con seis protuberancias que se extendían hacia abajo, en el centro del rostro un inmenso globo ocular amarillento, sin párpados, iris ni pupila lo miraba, inexpresivo.

El mago había visto ese nombre antes en un antiguo manuscrito sobre los infiernos abrasadores, sólo se especificaba que Xernith, Señor de la Perfidia era uno de los generales al servicio del Demonio menor Azmodan, el Señor del Pecado.

Existía muy poca información en las bibliotecas de Santuario acerca de estos esquivos y despiadados secuaces demoníacos de alto rango, siempre subyugados a uno de los siete, viviendo a su sombra, esperando su oportunidad…
Solían aparecer en el mundo mortal camuflados en forma humana para cumplir con los macabros designios de sus señores, el hecho de que Xernith se manifestase en su forma original, solamente podía significar una cosa, que desgraciadamente confirmaba sus peores temores, la profecía era cierta, la invasión de los infiernos ya había comenzado.
Drognan sabía que no tenía nada que hacer ante un rival de tal entidad, debía escapar cuanto antes:

- “asrath mendur”-Una vez pronunciado el conjuro, el cuerpo del mago se dividió en diferentes planos creando varias ilusiones de sí mismo, completamente idénticas y empezaron a correr en todas direcciones alejándose del demonio.

- ¡Hahahaha patético bufón! -Exclamó Xernith, que con un leve chasquido lanzó una lluvia de proyectiles negros como el carbón que perforaron todas las ilusiones haciendo que se disiparan al instante, una de esas saetas mágicas alcanzó en el hombro al verdadero Drognan que cayó de rodillas exhausto y dolorido rodeado por cientos de flechas negras aún clavadas en la arena.

-Estoy en serios apuros-Pensó, dándose cuenta de la abrumadora superioridad de su adversario, había realizado un potente conjuro ofensivo con un simple movimiento de dedos de forma casi instantánea y sin aparente esfuerzo, era tal su poder, que los proyectiles aún permanecían clavados en la arena y en su hombro manteniendo su estado material.

-Sorprendente… ¡Céntrate viejo! no es el momento de asombrarse ahora, debes hacer algo y hacerlo rápido- Se dijo a sí mismo.

La tormenta que rodeaba al demonio se calmó y pudo observarlo en todo su esplendor, era un ser terrorífico, parecía una especie híbrida entre un insecto y un cefalópodo, las extensiones de su cabeza eran tentáculos que parecían retorcerse con vida propia, su cuerpo, parecía estar recubierto de una substancia gelatinosa que iba desprendiéndose, resbalando hasta contactar con la arena, dónde emulsionaba expulsando un gas putrefacto; en su conjunto era un ser asqueroso, una visión tan desagradable que podría volver loco a cualquiera.

- ¡No eres más que un mero títere de Azmodan! está claro que no eres el predilecto de tu señor, ¿siempre te manda tareas tan intrascendentes e insignificantes? - Su única opción pasaba por distraerle, ganar algo de tiempo mientras se preparaba para un complejo conjuro de tele transportación.

- ¡Cierra la boca desperdicio humano! ¿Crees que voy a caer en tus burdas provocaciones? -

-Un señor demoníaco como tú, relegado a ser un simple perro guardián, hasta Ghom, el Señor de la Gula esta mejor considerado…-

- ¡Silencio gusano! Ghom no es más que una bestia torpe y hambrienta sin cerebro… Nunca llegarás a ver lo que tenemos preparado para este mundo, un nuevo infierno se emplazará en este insulso lugar, y yo dispondré de mi propio vasto reino, ¡Las Tierras De La Perfidia! -

El soberbio Xernith, aun sabiéndolo, había caído en la trampa, Drognan se puso en pie recostándose pesadamente sobre su bastón y tras pronunciar apresuradamente el hechizo, se desvaneció del lugar, justo a tiempo para evitar una segunda oleada de mortíferos proyectiles;

- ¡Grrraaaarghh! - El grito furioso e impotente del demonio resonó por todo el desierto.

Drognan apareció a varios cientos de metros dirección sur oeste, con las prisas no había podido calcular la trayectoria del conjuro, había tenido suerte de no perder alguna parte del cuerpo durante el viaje por el otro plano o lo que habría sido peor, materializarse dentro de alguna roca; cayó al suelo rendido, ya no le quedaban fuerzas y la herida del hombro le incapacitaba enormemente, el sol empezaba a caer y decidió resguardarse unas horas para tratarse, se quitó la túnica despacio, el proyectil se había desvanecido, en su lugar un agujero humeante y ennegrecido supuraba pus amarillento;

-La magia demoníaca corrompe fácilmente la carne…-Pensó al observar el feo aspecto de la herida, sacó una bolsa de su cinturón con hojas secas trituradas que olían a mil demonios, cortesía del viejo Lycander y la esparció por el agujero, desencadenando una reacción química que le hizo gemir de dolor, quedó inconsciente por varias horas, al despertar, ya entrada la noche, reanudó la marcha.

Drognan avanzaba pensativo, no podía permitirse el lujo de descansar, la herida le ardía bajo la túnica, pero el chico le esperaba y era muy probable que necesitara su ayuda, había tenido que dejarle ir, no podría haberse enfrentado a semejante desafío con el muchacho a su lado… de repente sintió un potente estallido de energía a lo lejos en las montañas;

-Magia oscura… ¡¿Saleb?! Puede que sea él…-

El mago apresuró el paso, al amanecer llegaría al lugar dónde había sentido la presencia del chico.
_Capítulo III_

El viaje (Cuarta Parte)


Un rayo de luz proveniente de la entrada contactó con la piel arrugada de la mejilla de Saleb, el calor hizo que despertara con un grito que resonó por toda la caverna, miró a su alrededor, los cuerpos de los Lacunis yacían por todos lados, sus rostros de pánico, de indescriptible dolor y sus cuerpos grotescamente retorcidos eran un espectáculo aterrador, se tapó los ojos con las manos, entonces le vino a la mente el fuego, el sufrimiento y después nada, ¿Cómo podía seguir vivo? ¿Había sido él el artífice de tan brutal masacre?

De repente, le asaltaron horribles visiones de lo sucedido reafirmando sus temores.

- ¿Que he hecho? Soy un monstruo...-

Las quemaduras de la piel habían sanado como por arte de magia, ya no le dolían, pero le habían dejado profundas cicatrices, surcos que le deformaban parte del rostro y las extremidades, trató de ponerse en pie, sus ropajes estaban medio carbonizados y a duras penas lograba mantener el equilibrio, empezó a caminar hacia la cegadora luz de la salida.

Detrás un ruido... La jefa Lacuni herida gravemente, había logrado sobrevivir a la maldición y ahora clamaba venganza arrastrándose cual bestia desbocada hacia el chico; a pesar de tener las extremidades inferiores totalmente hechas añicos, avanzaba con rapidez, arañando la arena con sus afiladas zarpas, formando una nube de polvo a su paso; Saleb miró hacia atrás aterrado, entre la penumbra podía distinguir claramente los ojos carmesí de la criatura, estaban fijos en él, ardientes y llenos de furia acompañados de un rugido infernal que desgarraría el alma del guerrero más bravo.

-Estoy muerto- Pensó mientras se apresuraba hacia la salida.

La claridad cegadora del sol estaba pocos pasos, pero bajo sus pies podía sentir el temblor del suelo provocado por el avance de la enfurecida Lacuni.

Con un potente zarpazo le alcanzó en la pierna derecha y lo derribó, ya la tenía encima, a pesar de la terrible herida que acababa de causarle, no sentía dolor, se quedó estupefacto mirándola a los ojos, podía sentir su aliento sofocante y la baba caliente que se le escurría entre los dientes cayendo por encima de su pecho desnudo:

- ¡Essscoria humana! Lamentarásss lo que hasss hecho...voy a desssmembrarte y a desssollarte vivo, me comeré tusss entrañasss mientrasss observasss...-

La bestia lo mantenía inmovilizado boca arriba, presionándole el tórax con fuerza contra la arena, levantó el brazo y asestó un brutal y certero zarpazo a su maltrecha pierna arrancándosela de cuajo por debajo de la rodilla; Saleb gritó y la Lacuni hizo una mueca dejando al descubierto su afilada dentadura, satisfecha.

La sangre brotaba pintando la arena de rojo a su alrededor, con la vista nublada y somnoliento, observaba confundido como la criatura con un apetito voraz, devoraba la carne de su recién cercenada extremidad.

En unos minutos había roído la pierna hasta dejarla en los huesos; el chico sabía que no se detendría, haría lo mismo con todas y cada una de las partes de su cuerpo.

La Lacuni se tomó unos instantes de descanso antes de proseguir con su sangrienta tarea; Saleb desolado, cerró los ojos esperando el final, en lugar de eso, un murmullo extrañamente familiar le vino a la mente…
Las palabras olvidadas de los difuntos, ahora, otra vez a las puertas de la muerte, podía oírlas de nuevo, claras como el agua cristalina.

-Somos parte de ti y tú parte de nosotros caminante, los cuerpos sin alma del mundo terrenal están a tu merced, si decides usarlos-

Saleb entró en trance, la Lacuni se percató de la situación y se volvió hacia el muchacho con la intención de terminar el trabajo; a su espalda, los huesos de la pierna de Saleb empezaron a vibrar con fuerza formando una neblina blanca que los envolvió, se elevaron a un metro del suelo y a modo de lanza ósea salieron proyectados hacia el cuello de la Lacuni atravesándole la nuca, inmediatamente cayó fulminada con la mandíbula desencajada y los ojos a punto de salírsele de las órbitas.

Drognan llegó un par de horas más tarde, sus ojos no le engañaban, la escena era caótica, el chico yacía en la entrada de la cueva semi-inconsciente atrapado bajo el cuerpo de una gran lacuni de pelaje negro con el rostro desencajado, dentro, los rayos de sol revelaban sombras de cadáveres desfigurados esparcidos por toda la caverna.

El mago se acercó apresuradamente:

- ¿S..Saleb puedes oírme?-

El muchacho no fue capaz de articular palabra y cayó exhausto en un profundo sueño.

Le realizó un torniquete en la pierna para evitar que muriera desangrado y le aplicó un apestoso pero curativo ungüento en las heridas, como no, cortesía del viejo Lycander, decidió buscar otro refugio, quedarse allí no era seguro, cabía la posibilidad de que regresaran Lacunis exploradores y no quería correr más riesgos innecesarios.

Recorrió un intrincado laberinto de angostos y tortuosos senderos que se adentraban por los estrechos valles con el chico amarrado a su espalda, caía el atardecer cuando se encontró ante una gran empalizada empotrada entre dos abruptos picos que le impedía seguir por esa senda.

Se oyó una voz des de lo alto:

-! ¡Alto! ¿Quiénes sois? ¿De dónde venís? -

Dos vigías ataviados con desgastadas armaduras de cuero les apuntaban con grandes ballestas fijas en una plataforma de la parte superior de la puerta.

-! Co...Contestad rápido, si... si no queréis que os perfore el cráneo ahora mismo!-Gritó el más bajito que apenas asomaba la cabeza.

El miedo del hombre era plausible en su voz temblorosa, era peligroso contradecirle teniendo en cuenta que sus nerviosos dedos estaban muy cerca del gatillo de la poderosa arma.

-Tranquilo buen soldado, sólo somos un par de viajeros de Lut Golhein nos perdimos al ser atacados por Lacunis, logramos escapar pagando un alto precio, mi nieto está gravemente herido, le han arrancado la pierna, por favor tenga piedad déjenos entrar-

Mintió con el tono más trágico y lastimoso del que pudo hacer gala, no sería una buena idea revelar su verdadera identidad, la gente teme lo que no alcanza a comprender y la magia es el máximo exponente de lo incomprensible.

-! Mo… Mostradme vuestros ojos! -

Los vigías seguían aferrando las ballestas con fuerza, acatando la extraña petición, Drognan levantó la mirada y abrió bien los ojos.

-Mmm...está bien...-

Tras un momento dubitativo, el hombre más alto y desgarbado les entre abrió la puerta y se apresuró a cerrarla al instante en que la cruzaron.

-Lamento la desconfianza, pero nos han llegado noticias de gente extraña que llega del desierto, tienen los ojos llameantes como si les ardieran dentro de las cuencas y se comportan como animales rabiosos, ya han atacado varios poblados vecinos dejando un reguero de muerte y destrucción a su paso...-Levantó la mirada señalando por encima de las montañas, columnas de humo se elevaban desde varios puntos no muy lejanos.

-Seguid unos minutos por este sendero y encontrareis nuestra aldea, allí os darán comida y refugio-.

El mago se hizo el sorprendido, y les agradeció su hospitalidad, pero ya tenía los pensamientos en otra parte, conocía muy bien ese fenómeno, se trataba de posesiones infernales orquestadas posiblemente por el mismo señor demoníaco del que a duras penas había logrado escapar horas antes.

-No pierden el tiempo, la invasión es inminente, debo dejar al chico con Kara cuanto antes y avisar a los demás-

Al poco rato, el escabroso camino dio paso a una gran explanada flanqueada completamente por imponentes serraladas, era un paraje de una belleza extrema, un lugar onírico, había un lago cristalino rodeado por bosques frondosos y exuberantes, en un pequeño claro al pie de este se encontraba la aldea, no llegaba a la docena de casas, hechas de madera, todas recién pintadas de distintos colores, todo el conjunto parecía una alegoría a la vida y a la alegría, el sol bajo del atardecer dotaba la esplendorosa visión de una magnífica estampa nutrida de matices y reflejos dorados.

Allí no había lugar para los tonos marrones y áridos de las montañas desérticas, el canto de las innumerables aves que poblaban el cielo despejó los turbios pensamientos que lo inquietaban, ¿cómo era posible que en ese recóndito agujero existiera tal maravilla de la naturaleza?

- La magia de Dhalgur...- murmuró.

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