[RELATO] Meditación (Tassadar y Zeratul)

Creaciones de la Comunidad
Hola a todos.

Es la primera vez que publico algo en este foro, pero estoy contenta de que vaya a ser por algo que es especial para mí. Hace relativamente poco tiempo que descubrí el universo de StarCraft y bueno, en cierta manera se ha convertido en un tesoro y en una gran afición, incluso fuera del ordenador. La cuestión es que esta tarde he pasado un par de horas escribiendo una historieta en la que Zeratul, que es mi protoss favorito, y Tassadar deciden meditar juntos y compartir algunos recuerdos del pasado, todo esto ambientado en SC1. No se trata de un texto demasiado extenso ni posee una calidad sobrenatural pero es algo que llevaba tiempo queriendo dejar por escrito en alguna parte y aquí está. La razón de que quiera publicarlo en el foro no es ni más ni menos que el deseo de que existieran otras historias de este tipo, de mano de la comunidad, que pudiera leer sin tener que ser sabiendo inglés obligatoriamente (aunque leo todo lo que puedo, me da dolor de cabeza traducir).

El relato, aunque cuenta con muchas cosas que he sacado de la historia real de StarCraft (nombres, sucesos, detalles...) ha salido al fin y al cabo de mi cabeza, y seguramente cuenta con cosas equivocadas, imposibles o sin sentido alguno, así que pido disculpas cuanto antes. Sea como sea espero que le guste a quien lo lea, y si alguien se animase a escribir alguno, que no dude que yo sería la primera en leerlo :)

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MEDITACIÓN (Parte I)

El manto nocturno, salpicado por una lluvia de blancas estrellas, abrazaba la profunda arboleda en la que los dos protoss habían decidido que meditarían hasta que la luz solar, de la cual se alimentaban, los sacase de su ensueño. Les servía como asiento la hierba, oscura y húmeda, que desprendía el perfume de la naturaleza crepuscular. La quietud reinaba en aquel claro oculto, y únicamente el canto de los insectos y del resto de vagadores del bosque osaba rasgarla con su mácula armónica. Ambos eran templarios. Habían dirigido y combatido; innumerables batallas y operaciones de todo tipo celebraban la victoria en las sendas decisiones de su ejecutor y de su prelado tétrico. Sin embargo, no se hallaba ahí, para Tassadar y Zeratul, el final de sus similitudes. Los dos guerreros basaban todas sus acciones y cada uno de sus pensamientos en el honor, y en el sacrificio. Corría por sus purpúreas venas tal voluntad, y el universo no podría sino mostrarse agradecido por ello. Es cierto que en algún punto erraron: el templario tétrico había desvelado la secreta localización de Aiur en un intento de salvarlo de los zerg. La maldita criatura Zasz le arrancó la información en su último suspiro de muerte, y Zeratul nunca se perdonaría por ello. Gracias al cerebrado, la Supermente divisó por fin el planeta natal de los protoss, y descargó la más letal de las ofensivas con su ejército eterno. Aiur cayó.

—No fue culpa tuya, Zeratul.

El nerazim abrió los ojos y dirigió una etérea mirada hacia su compañero de meditación. La voz mental de Tassadar era imponente, pero también suave, y transmitía una apacible y serenadora sabiduría:

—No debes culparte eternamente. Nadie sabía que al herir al cerebrado tu mente y la de la Supermente, por un momento, serían una. Ahora nuestro deber es prepararnos para enfrentarlos y derrotarlos. Sea como sea, purgaremos a los zerg y a su líder de Aiur, y para ello, contamos con el Gantrithor.

Entre los inquietos pensamientos de Zeratul destacó la imagen de la colosal nave. Gantrithor, bautizada así por el propio Tassadar, era la máquina de guerra más poderosa de la que disponían los protoss, y no vería completada su misión hasta que de la Supermente no quedase más que un mísero pero amargo recuerdo. El buque insignia del alto templario era tan noble y solemne como él mismo, e inspiraba valor y esperanza a todo el que observase, aun por un fugaz instante, su dorada magnificencia. Sin embargo, tales visiones de gloria se apagaron cuando unos pensamientos sombríos se arrastraron hacia ellas hasta devorarlas. Por un momento, Zeratul sintió un dolor inexplicable, y se sumió en la confusión.

—Amigo mío, ¿te encuentras bien?
—Sí, descuida. Solo estoy preocupado. Debo meditar, no perderme en el desconsuelo del pasado.

El joven Tassadar asintió amablemente. Ambos protoss recobraron la postura meditativa y cerraron los ojos. Los astros seguían su curso infinito por la oscura bóveda celeste, tintineando una canción lejana. La meditación del ejecutor khalai era firme y relajada. Su poder psiónico fluía dócilmente a su alrededor, impregnando el aire nocturno con un tenue brillo azulado. No era un secreto para nadie que la capacidad psiónica de Tassadar superaba a la de otros muchos altos templarios, y esto le hacía ser una figura reverenciada y muy apreciada, incluso para el Cónclave. No obstante, aquellos que en su día le nombraron ejecutor, esa misma noche le daban caza. Tassadar se había convertido en un forajido entre los suyos. Aldaris, junto al Cónclave, entendía al joven alto templario como un traidor que había abandonado a Aiur en sus momentos más oscuros...

Yo no he abandonado Aiur. Nunca lo haré. Soy un protoss y un templario, y mi deber es proteger aquello por lo que tantos han luchado, y luchan. Simplemente, no lo entienden. Les ciega el odio de antaño... No podemos ganar esta guerra nosotros solos, los necesitamos. Necesitamos a los nerazim. Ellos son los únicos que cuentan con el poder necesario para destruir a los cerebrados zerg sin que regresen a la vida. Pero no pueden verlo, están cegados...

Súbitamente, Tassadar interrumpió esa línea de pensamiento. Por un momento se sintió terriblemente solo en un universo que era imperioso salvaguardar. Pero, lícitamente, unas voces se deslizaron como sedas corredizas hasta su mente y se entrelazaron con sus propios pensamientos. Veía a Zeratul, mucho más joven, oculto entre las sombras de un paraje rocoso y desolado, el propio de Shakuras, hogar de los templarios tétricos. Solo la casi imperceptible vibración sonora de la cuchilla de distorsión del nerazim hendía el inquietante silencio. Zeratul, convertido habilidosamente en una sombra, avanzó por el terreno tan sigilosamente que incluso resultaba difícil de no perder de vista para el expectante Tassadar. Las tinieblas se arremolinaron a su alrededor cuando Zeratul cesó de dar pasos y contempló meditativo el cañón de montaña que se abría ante él. Ambos pensaron al unísono que ese se trataba un lugar más que idóneo para una emboscada, y atendiendo a su magnitud y profundidad, incluso una muy numerosa podría pasar fácilmente desapercibida hasta que lanzaran el primer ataque. El joven protoss miró a su alrededor, si bien era evidente que aquel era el único camino. Se preguntó si tal vez escalando por las escarpadas rocas no sería una presa tan fácil a lo que inevitablemente iba a ocurrir, pero le llevaría demasiado tiempo si quería hacerlo sin hacer más ruido del necesario, y aquellos a los que había dejado atrás lo alcanzarían finalmente y la prueba habría sido un fracaso que no podía permitirse. Sabía que estaba preparado para convertirse en un templario tétrico. Su entrenamiento era constante y su empeño implacable. Aunque, si bien una de sus grandes pasiones era el conocimiento místico, sabía también que su destino era ser un guerrero, y en ello se convertiría en este día. Todo nerazim que deseara proteger a su pueblo debía probar sus habilidades y tenacidad en la Senda de las Sombras, una prueba ritual procedente de los más inmemoriables tiempos de la tribu Sargas, aquella que guardaba a los asesinos protoss más mortíferos y sigilosos mucho antes del Eón de Contienda.

Zeratul dio el primer paso hacia la manifiesta emboscada totalmente descubierto, pues intuía que entrar oculto era algo tan inútil como hacerlo dando voces. Ellos ya sabían que estaba ahí. Siguió adelante con su periplo, vigilando todo aquello que le rodeaba: tierra, rocas y el polvo que levantaban sus calmadas pisadas. Avanzó más de lo que en un principio imaginó que lograría. Se escuchó el eco de una pequeña piedra caer desde algún lugar. Y comenzó el Asalto de las Sombras. Tassadar observó como un considerable grupo de entidades sombrías se deslizaron velozmente desde diversas partes del cañón hacia el solitario Zeratul. Parecieron bailar amenazadoramente a su alrededor, y el joven nerazim se convirtió en una de ellas. Las siluetas se movían frenéticamente y realizaban saltos y piruetas imposibles. Fugazmente, haces de luz verde trazaban arcos en el aire y salpicaban sangre violácea. El khalai espectador no discernía cual de todas las tenebrosas figuras era su amigo, pero entendía que se mantenía con vida ya que la danza mortal no cesaba. De pronto, cada uno de los emboscadores nerazim comenzó a alejarse de lo que parecía ser el epicentro de su salvaje lucha. Tendido sobre sus rodillas, un magullado Zeratul mantenía, en contraste, sus cuchillas y su mirada brillando con fulgor. Si quería librarse de los asaltantes y superar la prueba, continuar aquel combate desproporcionado únicamente terminaría agotándolo y haciéndole caer derrotado. Paseó su mirada por los rostros cubiertos de los templarios tétricos que le rodeaban, que volvían a ocultarse lentamente en el abrazo de las sombras. A ojos de Tassadar, el terreno quedó aparentemente vacío cuando Zeratul se desvaneció, y segundos después la batalla de los nerazim se reanudó como un tornado, hambriento y oscuro, dispuesto a destruir el cañón de montaña. Poco a poco, a medida que la batalla se desarrollaba, algunas de las figuras tenebrosas abandonaron heridas y vencidas el combate, pero la danza parecía no tener fin.
MEDITACIÓN (Parte II)

La hoja vorpalina del joven Zeratul atacaba con determinación, pero no era lo suficientemente rápido, no en aquel entonces, y le resultaba muy difícil defenderse de tantas arremetidas mientras despachaba a los asaltantes protoss y buscaba lugares seguros a los que saltar. Entonces, apoyado avizor sobre una de las rocas durante un instante, lo entendió. Ese combate ni podía, ni debía ganarlo.

Zeratul saltó una gran distancia en el aire, se colocó detrás de la muchedumbre sombría, y esperó un segundo, totalmente expuesto. Cuando los nerazim sincronizaron su feroz ataque hacia él, el joven protoss empleó su habilidad para deshacer el salto y regresó a su posición inicial, provocando confusión en los guerreros. Casi había parecido una ilusión, dada la velocidad con la que llevó a cabo tal maniobra. De pronto, una verdosa celda psiónica, sólida y semitransparente, capturó a sus atacantes: una pirisión de vacío. Los nerazim quedaron totalmente inmovilizados en su interior, y no pudieron sino observar con resignación pero también con aprobación cómo el joven Zeratul se había librado de ellos empleándose a sí mismo como trampa para aprisionarlos después. Tras el tiempo que había tardado en revertirse la prisión de vacío, el nerazim debía estar ya llegando al final del camino del cañón de montaña, a la meta.

Las imágenes se sucedían sin descanso, y Tassadar encontraba aquel recuerdo de la mente de Zeratul ciertamente fascinante. El Vacío, en contraposición al Khala que tan bien dominaba, era misterioso y sinuoso, y no carecía en absoluto de poder, sino que incluso parecía superarlo con una inquietante sutileza. Al fin y al cabo, el poder psiónico de los protoss khalai se controlaba mediante el vínculo sagrado, el Khala, que de alguna manera lo volvía más dócil para sus usuarios. Sin embargo, las energías del Vacío eran una carga solitaria, pues los templarios tétricos únicamente se tenían a sí mismos para controlar tal poder, no a sus compañeros guerreros ni a su comunidad. Ellos, razón por la que el Cónclave sentía odio hacia su pueblo, decidieron extirparse a sí mismos del Khala muchos años atrás cortando sus apéndices nerviosos y manteniéndose como individuos frente a la colectividad. Tassadar los había odiado, al igual que había sentido ira hacia Zeratul el primer día que sus caminos se cruzaron. Tuvo que atacarle. Era un hereje, y él, al igual que toda su facción de traidores, suponían un insulto a todo lo que los verdaderos khalai consideraban sagrado. El Khala permitió en su día la salvación de toda su especie, refrenó la locura del Eón de Contienda y lo hizo desaparecer alimentando el vínculo que desde el amanecer de los primogénitos les había mantenido unidos, y por tanto, fuertes. El nerazim, no obstante, no le devolvió el ataque. Con el tiempo, los prejuicios del alto templario se volvieron polvo y nada, y entendió que los khalai y los nerazim no eran sino hermanos separados por la escasez de tolerancia de un Cónclave casi tiránico que se reservaba el derecho de la individualidad y no solo no la aceptaba en los demás, sino que buscaba destruir a quienes la profesaban. Por fortuna, en ese tiempo Adun caminaba sobre Aiur y la injusticia no pasó desapercibida ante sus ojos. Tal vez, pensaba Tassadar, si actuaba como debía, si lograba aunar en sí mismo el poder del Khala y del Vacío, tal como le estaba enseñando Zeratul, podría acabar junto a los nerazim con la ameneza que asolaba su querido planeta natal y abrir los ojos del, casi neciamente, conservador Cónclave. Pero había algo más en lo que pensaba el ejecutor mientras meditaba, y era en la razón por la cual Zeratul había dejado que pudiera leer de su mente ese recuerdo de la Senda de las Sombras. Normalmente, los protoss protegían sus pensamientos personales a través de escudos mentales, y cuando querían comunicarlos o compartirlos mediante el khala o la voz mental, los debilitaban, todo esto en un proceso que desde la infancia aprendían a perfeccionar naturalmente. Podría ser que Zeratul quisiera calmar la línea de pensamiento que agitaba la mente de Tassadar, o incluso compartir experiencias pasadas para reforzar su vínculo de amistad. Sea como fuere, era algo que el nerazim le permitía conocer, y Tassadar no dudó en aprovechar la oportunidad de aprender algo más sobre su pueblo y él.

Pasaron horas compartiendo recuerdos en su meditación mientras Rajal, uno de los dos satélites de Shakuras, arrojaba sobre ellos fríos pero agradecidos rayos de luz lunar. Tassadar consintió que el prelado tétrico inspeccionase algunos de sus recuerdos, y viceversa, y en ellos aparecía un jovencísimo Artanis atendiendo con devoción a las lecciones bélicas y psiónicas de su maestro. Tassadar, como miembro del Consejo de Pretores e instructor, había considerado buena idea llevar a los aprendices Artanis y Fénix a la ciudad de Aldera, en Aiur. Allí las brisas eran cálidas y el sol brillaba sobremanera, y poco tardaron los muchachos en encender por primera vez sus cuchillas psi. Se trataba de una estación que, como Zeratul descubrió, Tassadar guardaba entre sus recuerdos con agrado y ternura. Aldera era una ciudad sencilla y hermosa, perfumada por el fresco aroma de las flores y el caliente abrazo del astro rey al mismo tiempo. Por las noches, mientras sus pupilos descansaban del entrenamiento diario, Tassadar salía a pasear por las afueras de la ciudad y pasaba horas contemplando Saalok desde la lejanía. El pequeño satélite bañaba su piel grisácea con luz lechosa y le permitía ver como varias fuentes ensortijadas con algunas gemas disparaban agua, en un relajante ciclo, hacia los cielos nocturnos. Todas las noches, tras refrescarse con el agua de una de ellas, se disponía a meditar para centrar su poder psiónico, como todos los templarios debían hacer. Esa noche, en principio, no iba a ser distinto, pero el destino guardaba una sorpresa para el ejecutor. Mientras se acercaba a la fuente que solía frecuentar vislumbró una silueta que en ninguna de las noches anteriores había estado ahí antes. Desde lo lejos incluso le pareció, por su quietud y elegante figura, una escultura fontana. Una mujer khalai reposaba sentada en el borde, de espaldas al bello manantial, sujetando un libro entre las manos e iluminando con la clara mirada azulada sus hojas.

La imagen de ensueño, sin embargo, se desvaneció, y Zeratul no pudo ver cómo continuaba el recuerdo. El nerazim entendió que Tassadar ya le había mostrado bastante, y que lo que vendría a continuación era algo más personal que, a pesar de su buena relación, tal vez no era momento todavía de compartir, pues la intimidad era algo muy importante para ambos tipos de protoss.

FIN
Que curro no? yo no conozco prácticamente nada del universo de Starcraft, pero me parece que está bien redactado, podía ser perfectamente de un libro. Me recuerda un poco a Dune... por la forma en la que lo narras.

En fin, enhorabuena por el relato ahi va mi +1 :D
Muchas gracias por tu respuesta, Hekran, me hace muy feliz que te haya gustado.

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