[Relato] La fábula del Rey Sapo

Colinas Pardas / Tyrande / Los Errantes
Últimamente me han entrado ganas de escribir, y he decidido empezar documentando la desaparición de un personaje mío, y una serie de sucesos, que hasta el momento había decidido guardarme, o compartir con un número reducido de personas. Poco a poco lo voy relatando todo, y he decidido que el foro es un buen método de difusión y visualización de este pequeño relato (Que constará de varios capítulos), narrando todo lo que aconteció desde diferentes puntos de vista, en diferentes lugares, hasta que desemboca.

Lo siento si la narración es pobre o hay muchos fallos, no escribo demasiado, ni me organizo aún en ello. Intentaré ir subiendo los capítulos con constancia. Se agradecen críticas ^-^

El epílogo y primer capítulo van dedicados a Presea :3

La fábula del Rey Sapo

•EPÍLOGO•

El bosque se hallaba vacío, y sólo los graznidos lejanos de un cuervo rompían la monotonía que había impuesto el silencio. No había luz alguna, a excepción de la que emitía un gran torreón, en medio de la inmensa arboleda, en la que múltiples ruinas abandonadas se hallaban, a mitad de la medianoche.

Apoyada en el gran ventanal que hacía de eje en el máximo piso de aquella discreta cabaña, una pequeña goblin pensaba, con el ceño fruncido. Delante de ella, una bola de cristal levitaba, alumbrando la habitación, y permitiendo así poder divisar sus rasgos ancianos, que delataban una vida dura, tal vez de sufrimiento y penurias.
La puerta retumbó en el piso de abajo, y pudo percatarse entonces de que alguien llamaba, saliendo de su trance. Aunque, con el súbito y fuerte ruido que emitió aquella vieja puerta de alcornoque, perfectamente podrían estar intentando derrumbar la casa.
Descendió con prisa impropia para su edad la escalera, y se cercioró de que una cadena sujetara con fuerza parte de la puerta a la pared, antes de abrirla con cautela, para comprobar quién llamaba.

- ¡Horatio! –Exclamó la anciana, con una sonrisa dulce, al comprobar quién había hecho retumbar la madera.
- Zoegwy… -Balbuceó, con una sonrisa ahogada en cansancio, que hacía juego con unas ojeras de espanto.- Ya está en camino.
- ¿Cuánto tiempo nos queda, amor mío?
- El suficiente como para organizarlo todo… -Hizo una pausa para coger aire, mientras Zoegwy desenganchaba la cadena, y le permitía pasar a la vieja casucha.- … Y adoptar las convenientes medidas de seguridad.
- He conjurado la cabaña, y los territorios circundantes, para que no nos puedan dar ninguna sorpresa desagradable. Además del habitual encantamiento invisible, por supuesto.
- Siempre tan cautelosa… Me extraña que el Kirin Tor no te diera ningún premio honorífico en su día.
- El Kirin Tor es una panda de magos asustadizos que no se centran en lo verdaderamente importante, como es combatir a las aberraciones que frecuentan este lugar. Paso de la Muerte permanecerá a salvo estos días, me he encargado de que así sea. Pero pasa, te vas a quedar helado. –Zoegwy se echó a un lado para permitirle la entrada a Horatio, que parecía respirar escarcha en sus pulmones.

El goblin, de estatura media, lucía en pelo azul intenso, y unas togas algo rasgadas. El paso de la edad también se podía intuir en su rostro, aunque no con tanta fuerza.

- Nezkar se halla lejos de aquí. He tenido noticias de su llegada a los Claros de Tirisfal.
- Esa noticia es preocupante, Horatio. ¿Sabes si está solo? –Dijo Zoegwy, acercándose a una mesa de madera firme, que junto a una pequeña cocina bastante acogedora, y una chimenea apagada, daba sentido a la sala principal. Abrió un cajón y extrajo de él una tetera antigua, junto a un saquito de hierbas, que depositó junto a un fogón oxidado.
- Fuentes cercanas a él me han dicho que se ha reunido con Shadines y… representantes del Gran Infernal.
Zoegwy, que se hallaba echando las hierbas a la tetera, se detuvo al instante. Por un momento pareció que se había transformado en piedra, cuando giró su cabeza, con un gesto de horror, y desplegó los labios, buscando palabras.
- Es una noticia horrible.
- Lo es, querida. Vengo de reunirme con nuestro informador, y él está igual de preocupado.
- Entonces, debo partir hasta allí, y pararle los pies.
- ¡No! –Horatio golpeó la mesa, frunciendo el cejo. Esta se tambaleó, y por un momento parecía que se iba a partir en dos.- Ya has hecho suficiente.
- ¡Es nuestro cometido! ¡Nuestro propósito!
- ¿Nuestro propósito? ¿Nuestro propósito es dejar a un lado nuestras vidas, entregar nuestra existencia a otros que nos ignoran y casi nos menosprecian, a cambio de nada? ¿Sigues pensando eso, aún ahora, que viene a verte tu hija? ¿La hija que te creía muerta?
La anciana dejó la mirada perdida unos momentos, y, como si hubiera entrado en un trance, dejó de hacer fuerza en su mano, derramando el agua perfumada de la tetera (Que gracias a la Luz aún no hervía), alimentando así las plantas que crecían entre los huecos del suelo de madera vieja.
- Zoe… Has abandonado todo cuanto querías, te has deshecho de las raíces de tu vida, incluso casi te has entregado a la locura, para combatir a los que hacen el mal… ¿Cuánto tiempo piensas seguir con esto? ¿Vamos a morir sin un solo momento para nosotros?
- No sabes cuánto he dado por esta lucha. Ahora sólo queda que entregue mi vida al destino, para acabar con la vida de ese tirano. Tú elegiste seguirme, nunca… ¡Nunca te obligué! Eres lo suficientemente mayorcito como para saber qué haces con tu vida. Por mi parte, continuaré esta lucha hasta que mi báculo se clave en la carne viva de ese hórrido orco charlatán.

- No quería decir que no apoyaba tu lucha… Me has entendido mal.
Zoegwy se acercó entonces, con rostro severo, y postura tensa, a coger su viejo bolso negro. Con agilidad, enganchó su báculo a su pecho, y pasó una mano por su cabello, que se hallaba revuelto.
- Por favor, no te vayas… No me hagas esto, no ahora…
- Volveré a tiempo para verla. Ahora, esta mujer loca debe partir, para proseguir su paranoica caza.
Alzó su báculo verde, y desapareció en un destello violáceo. Horatio se apoyó en el respaldo de su silla, y se balanceó en ella empleando la punta de sus pies unos segundos, con rostro contrariado, mientras miraba fijamente al suelo.
- Cuándo dejarás de ser “La Hechicera” para volver a ser la mujer que amo.
•Capítulo I•

Bostecé con energía al oír a los pájaros cantar. Total, que pensé que ya era de día. De un brinco bajé de la cama, para estirarme. De reojo me observé en un espejo, y creo que mi cara reflejó espanto. ¡Madre mía! Mi pelo suave, sedoso… Convertido en lo que parecía un montón de billetes de un macarrón arrugados. Hice una maratón hasta mi bolso, donde alcancé mi habitual peine de dientes finos, y me dispuse a repeinarme para mostrar al mundo mi belleza sin igual.
Me pasé el lápiz de ojos, y el pintalabios, sin prisa. Desde la humildad, creo que nadie, y digo nadie, lo hubiera podido hacer mejor.

Entonces, cuando terminé de ponerme colorete, y le mandé un caluroso beso a mi reflejo (No pude evitar aproximar mis labios al frío cristal al contemplar mi inigualable belleza), guardé todo en el bolso, y lo cargué en mi hombro.

“Me espera un viaje muy largo…”, pensé, o dijo esa voz a la que algunos llaman conciencia (palabra que por cierto aún no sé qué significa), cuando supe que tenía que ponerme en marcha. “Cari: Suspira, coge fuerzas, y saca tus armas de mujer para llegar al Paso de la Muerte, como tú solo sabes. Venga, Roscas, ¡tú puedes!”

- ¡Sí, vaya si puedo! –Exclamé, y sin darme cuenta, quedé como una auténtica loca. Pero me daba igual, porque yo era súper feliz, y estaba en plan súper decidida.- ¡Adiós, tabernero! –Exclamé, al atravesar el umbral de la puerta.

El panorama que vi en el exterior no me gustó nada. Y no por lo que veía, ojo. Estaba todo en plan súper vacío, como una tienda de ropa de Kezan después de las rebajas, o el amor que sientes hacia un ex cuando lo dejas. Pero… recordé el círculo de personas que se habían presentado en ese mismo lugar hacía ya tiempo, en las asambleas de la Horda que se habían convocado para decidir qué hacer contra los orcos, durante la apertura del Portal Rojo. Había sido echada de esas asambleas por proponer usar cosméticos contra los orcos, y no respetar el turno. Entonces, una elfa, que decía ser de no sé dónde, se creyó la más chic del lugar, y me echó casi a patadas, agarrándome del hombro.
- ¿Y a dónde estás tú ahora, eh, elfa? ¿Qué pasa, que se te ha comido la lengua el pantano? –Me reí sola, negando lentamente. Me agaché para coger una piedra del suelo, y la lancé justo al centro del círculo, donde debía de estar la elfa. Negué lentamente, poniendo morritos y alzando ambas cejas.

Volví a aferrarme a mi pesado bolso, y atravesé las puertas de la pequeña aldea que era Rocal (Bastante hortera, por cierto). Avancé unos pasos, y me detuve a la altura de un edificio exterior.
- ¡Adiós, Rocal! ¡Adiós, tabernero simpático! ¡Adiós, elfa estúpida! ¡Me voy, me voy, adiós! –Vociferé con una gran sonrisa, meneando caderas y manos, como si me viera inmersa en una canción eufórica del “Canto del Goblin”.

Oh, por fin era libre. ¡Con lo que me había costado! Incluso había terminado mintiendo a mi maestra, Presea, para que me dejara ir. Pero bueno, no había tiempo para pensar en ello. Estaba en medio de una aventura, en la que seguramente descubriría más de mí, y mi pasado. Lamentarse era como muy del año pasado a estas alturas.
La caminata se iba sucediendo, y mis tacones, se iban sumergiendo en el barro. Fue horrible. Y según avanzaba, iba viendo grandes monstruosidades horterísimas, que parecían estar hechas de gelatina de algas (Que por cierto, era el plato estrella de la tía Picaporte), o de mocos salidos de la gran nariz de un patán.

En una de las pisadas al fango, divisé unos ojos entre los matorrales, y di una pisada fuerte al barro, claramente asustada. Súbitamente se me partió un tacón, y caí de lado al suelo. Mi pelo sintió dedos fangosos, apresándolo, y grité como una loca perdida. No descarté la posibilidad de que fueran fruto de mi gran horror, en plan súper súper traumático, pero rápidamente me di cuenta de que eran carnosos, y sentí unas uñas que rozaron cerca de mi cabeza. Los dedos se retiraron, y se centraron en intentar ayudarme a subir. Me aferré a esa mano desconocida, y al ponerme en pie, pude admirar a una elfa.

- Tranquila, tranquila, pequeña. ¿Eres Miss Roscas?
Asentí, arqueando una ceja.
- Bien. Un amigo común, de la asamblea de la Horda, me ha mandado a buscarte. Mi nombre es Kross, Kross Sanguina. Vengo a acompañarte en tu viaje.
- ¿Un amigo en común? Oh, vaya –Respondí, asintiendo, algo extrañada, pero más tranquilizada. No necesité ni preguntarla el nombre de mi supuesto amigo, pues… ¿Cómo si no sabría que yo, peluquera, participé en una asamblea militar?
- Así es. –Dijo ella, y aprovechó para mirarme de arriba a abajo. Chasqueó la lengua, y arrugó la nariz.- Estás empapada, siento mucho haberte asustado. ¿Por qué no me acompañas hasta mi campamento?
- Pues, ahora que lo dices… Descansar un poco no me vendría nada mal.
- Bien, entonces sígueme. Tengo comida y agua fresca, además de un fuego que nos permitirá hablar tranquilamente.

La seguí a través de los densos matorrales, y las pequeñas charcas que conformaban aquel pantano. Era muy grande, oscuro, y olía mal. Demasiado mal. Entonces, me pregunté si yo ahora también olería así. Fijé mi mirada en el rostro de la elfa, tratando de localizar cualquier indicio de recelo hacia mi persona por el olor que podría estar emanando, y me encontré con un semblante concentrado, que recorría el terreno con agilidad y maña. Entonces, volví a fijarme en el lugar, y no pude reprimir una risilla.
- ¿Ocurre algo? –Se giró la elfa, sorprendida, buscando el por qué de mi risa.
- Oh, no, nada, cielo. Simplemente, me hace mucha gracia el nombre de este sitio.
- ¿Pantano de las Penas?
- Sí. Si lo manipulas un poco, parece que dices otra cosa.
Lo captó rápidamente, y frunció un poco el cejo. Me miró fijamente unos segundos, y cuestioné si no habría hecho mal contándole mi ocurrencia a aquella desconocida. Rompió a reír, negando lentamente, y suspiré aliviada.

- ¡Vaya!
Un gran campamento se extendía ante mis ojos. Dos pequeñas tiendas de campaña, un fuego encendido y algunos cojines se hallaban cerca de un lago precioso, con cascada. Me quedé súper anonadada, y dejé escapar un gritito agudo.
- ¡Qué guaaaay!
- ¿Te gusta? Me alegro. –Sonrió Kross, mirándome.- Puedes dejar tus cosas en esa tienda de campaña. Y lavarte en el lago. No te preocupes, yo estaré aquí, haciendo unas cosas.
- Bien, muchas gracias.
Me dirigí al lago, y fui quitándome la toga, que estaba llena de barro. Suspiré mientras el viento acariciaba mi cuerpazo semidesnudo.
“Esto acaba de empezar.”
Maldita goblin mentirosa ¬¬.

Ha estado genial el relato ^^ me ha gustado. Describes muy bien y me he metido de lleno en todo. Espero los próximos capis y gracias por dedicármelo, no me lo esperaba ^^.
Brillante.

Me ha hecho reír, ha sido liviano, y la redacción no entorpece la lectura. Sobre todo, me gustan las comparaciones y ese toque guasón de Roscas, y el aire de persecución imposible que me transmite el epílogo.

Quiero ver más :D muy buen trabajo, colegui.
Lo leí hace unos días, pero hasta ahora no había tenido tiempo de comentar.

El epílogo aún no lo entiendo del todo, aunque si has comenzado por el final supongo que acabarás hilándolo todo de una forma brillante y sorprendente. :P

Lo más destacable de tus relatos, a mi modo de ver, es el lenguaje narrativo: al tratarse de un escrito realizado desde la perspectiva de Roscas, consigues transmitir con gran fidelidad su carácter algo pijillo y esnob por medio de la jerga y de las expresiones coloquiales. No puedo juzgar el argumento todavía; no obstante, te confieso que me he divertido leyéndolo. :)

Un consejo: desde mi punto de vista, colocas demasiadas comas, lo que en ocasiones ralentiza la lectura. Te recomiendo que hagas periodos oracionales un poco más largos. Creo que irá en beneficio del ritmo y de la fluidez del texto.

Un demoníaco abrazo. ;)
No tengo mucho mas que añadir a lo dicho aqui arriba (señala a Faustián), tan solo que se agradece ver por fin una buena perspectiva Goblin.

Es un relato muy ameno y por lo que veo tienes ya fans que esperan nuevos capitulos, entre ellos yo!

Un saludo (añadido al Codex)
¡Hola, hola!
Siento mucho la tardanza, pero aquí traigo otro capítulo. Antes de empezar, me gustaría agradecer a todos sus comentarios, especialmente a Faustián, al que por cierto, va dedicado este capítulo. Soy plenamente consciente de que el epílogo es bastante confuso, pero te puedo asegurar que, como tú bien has dicho, en última estancia será la guinda de todo.

Ah, y.. ¡Mira, mamá, salgo en el Códex!


•Capítulo II•

- Mi señor… Hemos localizado el segundo objeto de vuestra búsqueda.
Era una sala oscura carente de ventanas, a excepción de una vidriera circular que abarcaba toda una pared. Un débil rayo de luz se filtraba por ella, de color rosado, marcando la silueta de un gran orco, encapuchado. Dejó de rasgar el papel con una pluma, para alzar levemente la cabeza, y observar al demacrado no-muerto que se había hecho paso en el cuarto.

Su anatomía era débil, y su rostro tenía la mandíbula dislocada, de una manera bastante antinatural. Los pocos pelos que quedaban sobre su cabeza componían un triste cabello, que hacía juego con el desolador paso de la misma descomposición.
- Se trata de… La fábula del Rey Sapo.
El orco se puso en pie al instante. Su rostro reflejó la duda unos instantes, y luego, la grata sorpresa. Parecía claramente sorprendido de poder recordar ese nombre, lo cuál extrañó en cierta medida al no-muerto, que ni se molestó en intentar gesticular, pues su propio rostro roto no se lo permitiría. Al alzarse, pudo observar que el orco no poseía una gran estatura, si no que más bien parecía un ser raquítico. Barba blanca descendía de su barbilla, algo grasa. El orco dio un paso hacia delante, y un gesto risueño, frío sin igual, se desveló bajo la tenue luz que permitía la vidriera trasera.
- Recuerdo ese nombre, sí… Estoy casi completamente seguro de que es uno de los objetos, pues aunque la débil mente de mi carcelero no se puede expresar, puedo sentir cómo se estremece interiormente…
- Sospechamos que está cerca de la capilla donde comenzó todo, en Paso de la Muerte, milord.
- ¡Oh, qué grata sorpresa! Había sospechado que uno de los objetos tendría que situarse justo allí. ¿Estás completamente seguro?
- No hay duda. Sus observadores han detectado una fuerte acción mágica justo allí. En un primer momento, pensamos que sería responsabilidad de la cercanía a Karazhan. Pero, según sus “expertos catadores de magia”, tiene un origen mucho más sombrío.
- Estupendo. ¿Y por qué no vais a por él, entonces?
- Hay un pequeño problema. De alguna forma, el objeto desvía el radar, y parece estar en todo el Paso de la Muerte, y en ningún sitio a la vez. Señor… Creemos que podría estar siendo ocultado, pues cada vez está en una parte.
El orco torció levemente su sonrisa, se apoyó en la mesa. Mesó su barba, con gesto pensativo.
- Vuestra labor y propósito es y ha de ser encontrarlo, al precio que sea. Deberás poner a todos los agentes de tu campo en su búsqueda inmediata, pues corremos el peligro de que logren ocultarlo para siempre. Viajaré allí cuando me sea posible, pues me abarcan asuntos de suma importancia. El plan no debe detenerse, ni fallar. ¿Queda claro?
- Sí, mi señor.
- Bien. Ahora, iros.
El orco recorrió el escritorio por detrás, para volver a acomodarse en su silla. Al oír cerrar la puerta por el no-muerto, engrandeció su sonrisa, y volvió a aferrarse a la pluma. Describió trazos de un lado a otro, sin aparente control, en un compás caótico. El papel rugía, y la tinta se iba agotando. Pasaron varios minutos, hasta que por fin cesó, y, en un suspiro, se preparó para contemplar en vista completa lo que había dibujado.
Una pequeña goblin, de pelo largo, rasgos ancianos, sostenía un báculo verde, fracturado, que en su día podía haber sido fuente de esperanza y poder, y que ahora parecía un fantasma de su pasado. Un vestido gris, de colores tristes, y un colgante.
- ¿Esto es en lo que pensáis, querido?
Inesperadamente, la mano del orco volvió a moverse, rasgando el papel. Este, con gesto sorprendido, observó como iba describiendo un libro, sobre la goblin, apoyado sobre su pelo.
Se detuvo unos instantes, y la mano volvió a ascender, para escribir con firmeza y claridad, arriba del libro: “La fábula del Rey Sapo.”

• • •

Me desperté, acalorada, sudando como una gnoma. Aferrada con las uñas a la fina sábana que me cubría, respiré hondo, con los ojos excesivamente abiertos. Króss entró rápidamente en mi tienda, abriendo la tela que hacía de puerta, con cara en plan “¿Osea, qué te pasa, cari?”, y yo me limité a respirar como pude, pues estaba súper impactada.
- ¿Ocurre algo, Roscas?
- No, tía… He tenido una pesadilla, ¿sabes? Ha sido horrible.
- Ya veo… Cuéntame, ¿qué has visto? –Kross frunció levemente el cejo, y por un momento pensé que era porque tenía el pelo fatal. Me peiné rápidamente con la mano, antes de coger aire para hablar.
- Estaban un orco, y un no-muerto… Y hablaban acerca de una cosa muy rara, me he rayado en plan mazo. Uno contaba que había encontrado un objeto para no sé qué historias que se estaba inventando… Se llamaba algo así como “Las fábulas del Rey Sapo”. ¡Sí, eso! Pues resulta que estaba en el Paso de la Muerte, y que tenían que ir a buscarlo. Entonces, el orco se enfadó porque no sabía donde estaba. Y el no-muerto se quedó en plan “to rayao” porque claro, a ver qué le decía. Total, que al final decidieron que lo tenían que buscar sí o sí.
Króss bostezó mientras le contaba toda la movida, mientras fruncía el cejo.
- Bueno, tía, que me voy. El orco quiere buscar “La fábula del Rey Sapo” aquí, que resulta que es un libro, porque ahora, antes de levantarme, yo, en plan todo rayada, porque resulta que claro, había soñado que el orco se encontraba con el no-muerto, y el no-muerto le decía que había encontrado un objeto, y el orco le decía que por qué, y entonces el no-muerto le decía que ese objeto era de no sé qué historias que se estaba inventando, y entonces va el orco y le dice que…

- ¡Roscas, al grano!
- Ay, cari, lo siento. El orco viene hacia el Paso de la Muerte para buscar “La fábula del Rey Sapo”, que es un libro que necesita, y parece ser que lo tiene una goblin.
Króss abrió los ojos excesivamente unos instantes. Me pareció que me estaba mirando súper fría unos segundos, como si se estuviera planteando toda mi existencia .
- ¿Crees que podría estar relacionado contigo?
- No lo sé… Creo que ha sido una “demonición” de esas.
- ¿Una premonición? –La corrige, interesada.
- Sí.. eso.
- Bueno, pues.. Tal vez deberíamos ponernos en marcha. Es de noche, aún, pero mañana deberíamos llegar al Paso de la Muerte.
- Está bien.
- Ahora, descansa. Nos queda un duro y largo día por delante.
- Buenas noches, Króss. –Alcancé a decir, algo confusa aún.
- Buenas noches, Roscas.
Me tumbé en el saco de dormir, intentando conciliar el sueño. Di varias vueltas, cambiando de postura, para ver si podía dormir, al fin… Pero no hubo manera. Encendí un pequeño farolillo, que había al lado mío, pues Króss había cerrado otra vez la tiendecita, y ya no alcanzaba a ver la luz de las llamas. Miré al techo, curiosa, pensando en qué podría ser, y qué tendría que ver conmigo, y con este viaje… ¿Sería realmente una premonición?

• • •

Króss atravesó rápidamente la entrada de su tienda de campaña, mientras fruncía el cejo. Se dirigió hacia su saco de dormir, y lo levantó. Debajo de él encontró una pequeña faltriquera, de color ocre, algo abultada. Metió la mano en ella, y descubrió una pequeña insigna, con el símbolo de una llama. Volvió a rebuscar en la faltriquera y halló un pequeño vial de fluido carmesí, algo espeso. Descorchó la botella y vertió una gota sobre la insignia, que al instante se iluminó, y empezó a arder. Króss soltó la insignia con un gesto de desagrado, y esta levitó hasta posarse bajo una de las paredes de la tienda de campaña. Una sombra se fue expandiendo por la pared, y se formó el contorno de la figura de un orco.
- Oh, querida. Empezaba a pensar que habías muerto.
- La goblin ha tenido una visión acerca de tu búsqueda, Zekrov. Aunque no la ha captado del todo bien, está en camino de hacerlo.
- Bien, bien, todo va según lo planeado. Confío en tus dotes de la actuación, y sé de buena fe que la habréis convencido de que te hallas sorprendida.
Króss soltó una risilla, con gesto risueño, ante la última frase del orco.
- No sospecha nada, la muy ingenua. Todo va según lo concordado, sí. Pero… dime, ¿No nos hallábamos tras una parte del libro de hechizos de Medivh?
- Me consta que el objeto de nuestra búsqueda formó parte de su biblioteca privada. Aún así, estando en este territorio, está profundamente ligado a Karazhan. Sea como fuere, me es valioso, y has de localizarlo.
- Eso ha sonado como una orden. Ya sabes que no me gusta que me ordenen.
- Por supuesto que no, Króss. Pero tu vida pende de su localización, y por eso mismo me ayudarás. No creo que sea necesario recordarte el por qué.
Króss frunció el ceño. Había considerado muchas veces si hizo mal en aquella ocasión, aunque la respuesta había sido fácil. Aquella noche, consiguió una protección duradera, a cambio de mucho. Mientras Zekrov fuera leal a su palabra, no ocurriría absolutamente nada. Aún así…
- Lo haré. Por todo lo que hay en juego
- Deberás acompañarla allá donde vaya. Recuerda el nombre de nuestro contacto, pues tal vez lo necesites. Y sé su sombra sigilosa, aún si cae en trampas. Pronto, nos volveremos a ver, y espero que de forma más directa.
- Que así sea.
- Bien, en ese entonces, he de ocuparme de otros asuntos importantes, que no menos urgentes. Pasa buena noche.
La silueta se desvaneció tal y como había venido. Króss se acercó a la insignia, con paso lento, para recogerla, y volverla a guardar. Colocó la pequeña faltriquera bajo su sábana, y se enredó en el saco de dormir. Un último pensamiento surcó su mente, antes de caer en un profundo sueño.

“Esto acaba de empezar.”
Gracias

Únete a la conversación

Regresar al foro