[Relato] Llovieron del cielo.

Colinas Pardas / Tyrande / Los Errantes
Rocas descomunales, envueltas en fuego esmeralda. El cielo, y la misma realidad, parecían romperse a su paso. El tiempo se volvió lento, pesado, y, a lo lejos, en los puestos de vigilancia, se escuchó el grito de alarma.

-''¡ I N F E R N A L E S !''

Cayeron sobre nosotros, como bolas de cañón sobre un bote pesquero, con un ruido sordo y sólo destrucción tras ellos. De los cráteres que dejaron en la tierra, y lo que instantes antes fueron barracones, se alzaron.

Desde ahí, todo sucedió deprisa. Los pocos magos del Castel trataban, en vano y de forma desesperada, de apagar las llamas viles, voraces e insaciables, mediante hechizos de escarcha.

Y el resto... decir que combatían contra aquellas monstruosidades habría sido ensalzarlos demasiado. En llamas, calcinados, o con varios huesos rotos. En aquellos momentos, el mundo, para mi, se vio reducido al olor de la carne carbonizada, y a los gritos de guerra, auxilio y pavor del resto de mis compañeros.

Juro y juraré siempre que pude incluso ver al viejo Wolf volar sobre el muro. Recuerdo haber quedado mirando, y rezar por que perdiese la consciencia antes de caer, o hubiese muerto por el golpe anterior.

Recuerdo a un soldado sin medio rostro, con todo aquel lado quemado, intentando enfrentarse a la bestia llameante. Recuerdo su mirada, ámbar, brillante, y cómo me instaba a levantarme. Pero yo ni siquiera recordaba haber caído.

Creí que iba a morir.

Recuerdo cerrar los ojos, y despedirme del mundo.

. . .

Pero entonces llegó él. Podría jurar también que su cuerno resonó en todo el reino, que rompió el suelo al bajar de su destrero, y que su escudo aguantó los golpes de los infernales; pero nadie que le conozca necesita que yo se lo jure.

Gritó, y los escasos supervivientes se reagruparon con los caballeros que llegaron junto a él.
-''¡Reanimad esos cuerpos ahora! ¡No quiero ver a nadie quieto, vivo o muerto! ¡Nadie va a echarnos de aquí sin luchar! ¡Nadie se va a casa o a la tumba hasta que no quede un sólo demonio en pie!''

Aún hoy doy las gracias por ser alguien poco escrupuloso. De no haber sido así, aquello me habría hecho vomitar. Ver aquella carnicería, formar parte de ella, es algo que a pocos desearía; pero verla en movimiento; caminar con ella... aunque a algunos les daba esperanza, a otros tantos les produce escalofríos.

Y aunque los vítores fueron ensordecedores cuando el enemigo quedó reducido a rocas, ni tan siquiera incandescentes, el Instructor se dio prisa en imponer el orden y el silencio.
-''No lo celebréis todavía. Los infernales no caen sólos del cielo.''
Y era cierto. Después de todo, las Laderas de Trabalomas también sufrían la invasión.

Recuerdo tener apenas un instante para respirar, y ver a los demonios llegar hasta el puente entre la Isla y las Tierras de la Peste. Recuerdo mirar a mi lado, hacia un compañero ''reanimado'', despojado de toda humanidad, y tragar saliva, asumiendo lo que estaba por venir.

Ni siquiera bajamos las verjas. ¿Para qué? No intentamos huir; no había a dónde. El castel no era más que una oscura ratonera. Formamos, con los caídos a modo de carne de cañón, y nos preparamos para el ataque.

Avanzaron, despacio, con los demonios por delante y los brujos detrás, y asaltaron el Castel, como si tan sólo quedase barrernos sin esfuerzo. Y casi lo consiguen.

Recuerdo caer de rodillas, mirar alrededor y sólo ver caos. Recuerdo ver pasar por el suelo una sombra inmensa, y pensar que un demonio alado y desmesurado venía para darnos fin.

Pero no fue así.

En su lugar, varios soldados alzaron el puño entre ovaciones, gritos de celebración y ánimo renovado. Parecía que hubieran visto un ángel bajar del cielo a salvarles; o, quizás, un demonio.

-''¡Dama Deisa!''
-''¡Por Lordaeron!''
-''¡Por los Veniant!''

Lo que yo pude ver fue un murciumbrío descomunal embestir a un guardia vil, y a otro de ellos, o al menos su mitad superior, desplomándose sin vida en el suelo, frente a una armadura rojo oscuro.

Era una estela de sangre. Podía acabar con hasta tres de ellos en pocos movimientos, aunque la doblasen en tamaño.

Fue la primera vez que la vi pelear, y las lágrimas se me saltaban. Creo que debí quedarme mirándola por demasiado tiempo; ajeno a la batalla y a todo alrededor.

En cierto momento, quiero creer que fijó la vista en mi, y me miró a los ojos. Vino a hacia mi, despacio, sonriendo, y yo, no me atreví a moverme. Todo pareció detenerse aquel instante, hasta que dio un giro con su espada frente a mi, pasando por mi lado en el proceso, y sonriéndome, cruzando tan cerca nuestros rostros que casi pude sentirla respirar.

Me giré, siguiéndola, sólo para ver cómo cortaba los brazos de un demonio dispuesto a partirme en dos, y cómo estos caían, sosteniendo aún el arma que debía darme fin, a escasos centímetros de mi.

Aún a día de hoy, sigo pensando que ella sólo sonreía porque debió de encontrar gracioso el que no me diese cuenta de que estaba a punto de morir.

-''¡Creí que no vendrías nunca!''
-''No iba a dejaros toda la diversión~.''

Fueron de las pocas palabras que compartieron la Dama y el Instructor, aunque otros aseguran que también llevaban la cuenta de enemigos abatidos, compitiendo entre ellos por quién mataba más. Fueran cuantos fuesen, no fueron suficientes.

Nos superaban, cada vez más, tanto en número como en fuerzas, y cada vez, cedíamos más terreno. Sonó el cuerno de nuevo, y se ordenó la retirada. Los hechiceros y los caballeros de la muerte abrían portales al final de la rampa que subía en dirección a la fortaleza, la entrada a la sombría Scholomance.

Los no-muertos, los soldados más valientes, la dama y el instructor cubrieron la retirada. Corrimos, pero no parecían perseguirnos. Cruzamos los portales, llegando a Villa Darrow y dejando el Castel atrás, junto a los restos de la base, y los cuerpos de los caídos.

Aún no sé si nos atacaron para eliminar cualquier resistencia, o si venían buscando algo; pero si tuviera que dar mis dos cobres, apostaría porque, fuese lo que fuese, querían algo de la escuela.

Pero no nos quedaremos con el golpe. Reuniremos fuerzas, nos prepararemos, y recobraremos Castel Darrow. Lo juro.
Pues, aunque viene con mucho retraso (Porque lo fui dejando, más que nada), este es el relato que explica por qué actualmente roleamos en Villa Darrow, y no en el Castel, tratando de mantener la continuidad entre las invasiones Pre-Expansión, y la presencia del Consejo de la Sombra en el Castel Darrow, como se puede ver en las misiones de artefacto de Brujo ¿Destrucción?.

Seguramente, aunque dependerá del rol, volveremos a utilizar el Castel como zona de rol principal (Aparte de Villa del Lago con los Devólia) cuando pase un tiempo, recordando que el lugar no es nuestro, y que sólo estamos allí hasta que alguien nos eche, como ha ocurrido ahora, o lo reclame su dueño (Si es que sigue vivo después de WoD).

¡Y eso es todo! Hacía mucho tiempo que no escribía un relato, así que asumo que será un poco cutre, pero meh, no quería daros el resumen estándar a secas de aquellos sucesos.

Está escrito desde el punto de vista de un soldado estándar (Personaje que ha sido introducido al Rol ahora en Legión), y, obviamente sí, tiene referencias a la cinemática de la Puerta de la Cólera, porque me parecieron apropiadas.

Asimismo, quizás suba alguna imagen para acompañar, música, o haga un vídeo con dichos elementos.

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