La ambición de un goblin. Cap.2: Huida de Kezan

Juego de Rol
Prólogo:

Un nuevo día. Un nuevo día, un día completamente normal se adueñaba de la metrópolis tecnológica de Kezan. El sol abriéndose paso sobre las densas capas de humo de la ciudad, los niños ganándose la vida en las calles como carteristas y el sonido lejano de las ruidosas peleas que tenían lugar en el barrio marginal de la ciudad. “Todo normal…”.-Pensaba Mokran desde la privilegiada posición de su balcón en una de las partes altas de la urbe.

Se levantó de la pequeña butaca dispuesto a empezar de nuevo su propia rutina y fue directo a la cocina para desayunar algo. Tenía que ganar fuerzas para la jornada que se le presentaba ya que iba a ver al mismísimo gerente de Gallywix, Hizzt. Todos sabían que estaba tan corrupto como el “amado” Príncipe Mercante de Kezan (sino más) pero también se sabía que tenía una larga lista de contactos que Mokran podría utilizar para subir un peldaño más en su carrera de alquimista. Se celebraba un evento a puertas cerradas en el que los mejores alquimistas de la ciudad trataban de vender sus productos a los magnates monetarios y, con suerte, conseguir un patrocinador que financiara sus investigaciones y, claro está, les resolviera la vida.

Mokran no iba a dejar escapar esa oportunidad. Tenía serios problemas de liquidez y el banco de Kezan le había bloqueado sus cuentas por falta de pago. Sin el dinero no podría seguir con su investigación y tendría que volver a dedicarse a vender pociones a los estratos más bajos de la ciudad. “No…hoy es mi día, lo sé”-. Eso pensaba mientras, con disimulo, iba saboteando los calderos del resto de alquimistas mientras éstos llamaban a gritos a los ricos tratando de hacerse oír para enseñar sus productos. No hacía falta ser un genio para saber sabotear una receta en cocción. Basta con echar cualquier ingrediente que no forme parte de la lista y el resultado será una bonita nube de humo que variaba de color dependiendo del ingrediente y la receta estropeada.

Terminado el trabajo, Mokran volvió a su puesto asignado simulando cerrarse la cremallera del pantalón para evitar miradas innecesarias. “¿Dónde demonios estás Hizzt?”-. Miraba hacía el bullicio de gente ignorando las primeras nubes y gritos de exclamación que se alzaban en algunos puntos buscando a Krepler, el gerente, pero no lo veía aún. ¿Se habría retrasado? Imposible…si no venía no tendría nada y, además, no era conocido por su impuntualidad. Algo iba mal…

De repente, notó como le ponían un paño en la boca y le arrastraban hacia atrás. Lo último que recordó fue como notó el sol cuando le sacaban a rastras de la tienda…Un nuevo día…
Aclaro que Mokran no es así como persona sino que fue empujado por las circunstancias. No vayais a pensar mal del pobre que solo intenta ganarse la vida. A ver que os parece.

Un saludo,
Me parece muy bien relato, desde luego, aunque no creo que haga falta que te excuses de lo que hace Mokran.... principalmente, porque no es nada raro que un goblin sea embustero y traidor ;D

Un saludo.
Gracias por la respuesta y lo de la excusa es, precisamente, por lo mismo que dices. Mokran no es un embustero ni un traidor y, si de él dependiera, no lo sería pero las circunstancias de vivir en una comunidad goblin le obliga a serlo xD

Un saludo,
Capítulo 1: Un pacto con el diablo

Le habían puesto un saco en la cabeza. A veces, si había suerte, lavaban el saco y las veces que no había suerte era cuando el secuestrado corría el riesgo de morir por inhalación del olor de frutas y verduras podridas. Ese día no había suerte.

Mokran estaba bastante mareado cuando notó como le sentaban sobre un confortable sillón, cosa que agradeció porque sabía que se habría caído al suelo de haberse quedado de pie. De un tirón le quitaron el pestilente saco de la cabeza provocando que la luz repentina cegara al alquimista que dio un grito de sorpresa. Su dolor de cabeza iba en aumento por momentos.

- Mokran “pocionez” Tuercaliente -. La voz pronunció su nombre indiferente. Algunos goblins tenían como costumbre ponerse un apodo de su elección en sus apellidos.

El aspecto del maduro alquimista goblin era bastante lastimero. El poco pelo que le quedaba estaba completamente despeinado y corría salvaje a todos lados. Sus ojos estaban rojos por el picor provocado por el líquido de las verduras del saco y tenía la cara más verde que de costumbre, como si fuera a vomitar en cualquier momento.

- ¿Pero qué le habéiz hecho? -. Una figura borrosa a ojos de Mokran se levantó de lo que parecía una silla y se acercó a él -. Ufff…malditoz idiotaz. Lez pido que zean civilizadoz y mira lo que hacen.
- Pero jefe, yo… -. Una voz sonó detrás de Mokran.
- Cállate…¿no vez que eztoy hablando con nueztro común amigo? ¿No te enzeñaron a no meterte en convezacionez ajenaz? ¡Zal de aquí!

Se oyó una puerta abriendo y cerrándose con suavidad tras ellos, haciendo que la atención volviera a recaer sobre un Mokran el cual iba recuperando poco a poco la vista.

- Eztoz brutoz de hoy en día no zaben nada de modalez -. Dio una palmadita en el hombro de Mokran y le dio la espalda -. Zupongo que zabez quien zoy -. Dijo el goblin sirviendo dos vasos de vino gilneano.
- Sería idiota si no lo supiera, Hizzt -. Mokran había recuperado la vista lo suficiente como para reconocer el rostro del corrupto gerente -. Lo que no sé es el motivo para haberme traído ante ti.
- Oh…-. Hizzt dejó frente a su invitado uno de los vasos y volvió a ocupar su sitio original al otro lado de la mesa -. Yo creo que zi zabez por qué eztaz aquí. Erez…un goblin de negocioz, igual que yo pero haz incumplido laz reglaz durante la feria de loz patrozinadorez.
- No me voy a molestar en negarlo -. Dijo dando un sorbo al vaso de vino -. Pero sigo sin saber por qué me has traído a la fuerza ante ti. Ambos sabemos que esta ciudad fue construida y mejorada por goblins a los que no les importaban incumplir las reglas.
- Bien…hablaz con claridad. Ezo me guzta -. Cruzando sus manos, el gerente se incorporó de su asiento -. Tengo una propuezta que hacerte. Te he pillado zaboteando productoz de la competencia en uno de loz pocoz eventoz en loz que laz trampaz no deberían exziztir. Tienez doz opcionez. Depende de ti la que elijaz.
- ¿Y cuales son? -. Algo le decía que ninguna de las dos le iban a gustar.
- Ir a la cárcel o trabajar para mí -. Hizzt se recostó nuevamente sobre su mullido sillón -. Zi te zoy zincero, preferiría que ezgogieraz la zegunda pero allá tú.

Mokran se encontraba entre la espada y la pared. Él no buscaba trabajar para Hizzt, sino solo su dinero. Había tenido la oportunidad de ver la cárcel de Kezan en profundidad durante su juventud y no tenía ganas de volver a nadar en sus propios excrementos, comer las ratas crudas que encontrara y mendigar comida a los guardias. No tenía ningunas ganas de volver.

Levantando la mirada de nuevo hacia Hizzt, el cual miraba distraído por la ventana dando suaves vueltas al vino de su vaso, sopesó la segunda opción. Hizzt no había nacido siendo famoso ni nada por el estilo. Si algo bueno tenía Kezan es que nadie prosperaba por el hecho de pertenecer a una clase social superior, sino por tus propios méritos. Podías ser el goblin mas rico de la ciudad un día, y al siguiente encontrarte mendigando por los barrios lujosos debido a que tus socios te habían traicionado para quedarse con tu dinero. Por eso, Mokran jamás había querido tener socios o socias. Valoraba su libertad como nadie y, si trabajaba para Hizzt, tendría que renunciar a ella. El martilleo de su cabeza aumentaba a medida que exploraba y desechaba otras posibilidades.

El gerente no parecía inmutarse por la mirada de Mokran. Le conocía bien y sabía que aceptaría, cosa que molestaba sobremanera al alquimista. Y así, fue como ese día comenzó a trabajar como asesor de venenos de Hizzt. Durante los años siguientes tras ese día pudo conocer mejor la mente del gerente y hasta había tenido el privilegio de poder cenar varias veces con el mismísimo Príncipe Mercante. Su olfato para los negocios y su mente privilegiada hizo que lo respetara sobremanera, aunque sabía que los métodos para seguir en el poder eran claramente discutibles moralmente.

El alquimista tenía tiempo de sobra para seguir con sus proyectos de investigación privados gracias al patrocinio del corrupto gerente, el cual le abría todas las puertas de Kezan. Mokran sabía que había hecho un pacto terrible que, tarde o temprano, se cobraría un alto precio pero la alternativa era la cárcel y eso seguía sin convencerle. Siempre tenía lleno un armario con distintos tipos de venenos que Hizzt solía pedirle. Mokran había participado en la eliminación de bastantes enemigos del gerente preparando venenos, el cual era su método favorito para quitarlos de en medio. En silencio, discretamente y sin dejar huellas de su implicación.

Al alquimista no le importaba. Con Hizzt no podías romper un pacto o al día siguiente te encontrarías en la cárcel o como esclavo en los barcos mercantes que atracaban a diario en el puerto de Kezan. Y ni se le pasaba por la cabeza eliminarlo. El Principe Mercante apreciaba y mimaba sobremanera a su gerente por lo que no dudaría en provocarle la peor de las muertes al asesino. Todo eran negocios pero Mokran estaba seguro que, en ese caso, Gallywix lo haría meramente por placer.

De todas formas, y pasara lo que pasase, Kezan seguiría creciendo cada vez más. Esa ciudad siempre estaría ahí como referente del comercio, la innovación y el ingenio. Qué equivocado estaba…

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Hasta aquí el primer capítulo. Espero que os guste y no dudeis en comentar las cosillas que os parezca mejorables ^^

Un saludo,
Capítulo 2: Huida de Kezan

Mokran abrió los ojos y notó las lágrimas brotando a causa del escozor que sentía en ellos. No tardó mucho en poder ver que toda su habitación estaba llena de humo, las paredes se ennegrecían por momentos a causa de ello y el aire se volvía cada vez más irrespirable.

Se puso su bata lanzándose escaleras abajo. No podía dejar que su investigación ardiese, debía salvar al menos los papeles con las fórmulas.

- ¡Jane! ¿Donde estás mujer? -. El grito se ahogó en el humo mientras Mokran sostenía un candil en su mano -. ¡JANE! Maldita sea…va a acabar conmigo.

Se quitó una cadena que había alrededor de su cuello y en la que portaba varias llaves. Es un truco que aprendió hace mucho, no dejar tus llaves a nadie aunque tuvieras que ser el último en irte y cerrar. Le había ahorrado más de un robo a lo largo de los años antes de entrar bajo la protección de Hizzt y era una costumbre que tenía muy arraigada.

Se dirigió a la despensa y comenzó a buscar el cofre en el que guardaba sus fórmulas. Sin ellas perdería todo lo que había ido logrando desde que comenzó su carrera de alquimista y se vería de nuevo en la ruina. Introdujo la llave en la cerradura y la giró creando un breve clic.

Levantó la tapa con un chirrido de las bisagras y comenzó a inspeccionar los papeles a la luz del candil que había depositado al lado.

- ¡Jefe! ¿Dónde estas? -. La voz de su ayudante se oyó a lo lejos.
- ¡En la despensa, maldita sea! -. Cerró el cofre de nuevo y se levantó -. Ven y ayúdame con esto, rápido. Tenemos que sacarlo de la casa.

No se veía nada salvo la luz del candil que Mokran tenía en el suelo. Cuando llegó ambos cogieron el cofre por los extremos y se dirigieron a la salida derribando los alambiques y morteros de las mesas para desesperación del alquimista. Pero todo eso podía comprarse de nuevo y lo que había en el cofre, no.
Para desesperación de Mokran, en la calle también había humo por todos lados. Estaba desconcertado porque creyó que era la casa lo que se quemaba por accidente. La goblin miraba algo tras él como hipnotizada lo que hizo que él también se volviera quedándose atónito ante el espectáculo. El volcán de Kezan se había activado ¿Cómo era posible? Se supone que había un equipo de geólogos encargado de supervisar la actividad sísmica de la zona y avisar con tiempo si el volcán corría riesgo de erupción. ¿Por qué esos inútiles no habían avisado?

- Jefe, ¿qué hacemos? -. La voz juvenil de su ayudante sonaba detrás con insistencia.
- Corre a por el triciclo propulsado, tenemos que ir a ver a Hizzt. Él es nuestro pasaje para salir de la isla.

Vio como Jane desaparecía tras la casa en dirección al garaje. Mientras llegaba echó un vistazo a la que había sido su nueva casa por gentileza de Hizzt. Era una mansión en toda regla aunque de las más pequeñas que había en la ciudad. De color naranja y con bombillas para iluminar toda la vivienda, tenía cuatro habitaciones de las cuales dos estaban destinadas como laboratorios. Era una casa que Mokran echaría de menos, sobretodo por esto último.

El ruido mecánico del triciclo comenzó a rugir. Jane apareció sobre él y, una vez subido el cofre en el maletero, se dirigieron a la mansión del gerente la cual no quedaba demasiado lejos. El humo no ayudaba nada a la visibilidad por lo que no pudieron ir todo lo rápido que hubieran querido y tenían que dar frenazos para no atropellar a los goblins que se les cruzaban.

Tras diez minutos de frenazos, pitidos y maldiciones consiguieron llegar a su destino pero no encontraron exáctamente lo que estaban buscando. Hizzt estaba fuera dando órdenes enérgicamente a todos y organizando grupos para patrullar las entradas a la mansión ante los asaltos vandálicos que no tardarían en comenzar.

- Hizzt -. Mokran llegó corriendo junto a él -. ¿qué está pasando?
- Menuda pregunta ¿haz mirado el monte? -. Miró hacia atrás en dirección a un goblin -. Eh eh, tú. Cuidado con ezo o te borraré la piel a latigazoz.
- ¿Qué vas a hacer?
- Puez lo que todoz deberíamoz hacer. Zalir de ezta condenada izla. Gallywix ya ha dado laz órdenez oportunaz para azegurarnoz un pazaje en zu barco
.

El suelo comenzó a temblar violentamente y, para mayor preocupación, el volcán comenzó a vomitar lava y rocas violentamente, las cuales se precipitaban sobre Kezan de a una velocidad vertiginosa dispuestas a repartir dolor y destrucción por toda la ciudad. Una vez el temblor paró el caos se adueño de la zona.

- ¡Rápido rápido, tenemoz que zalir de aquí! Zíguenos con el triciclo y no te zeparez -. Dijo antes de salir corriendo y silbando a sus ayudantes.

Mokran volvió con Jane, la cual miraba con cara de horror el volcán. El alquimista le abofeteó la cara de manera contundente para devolverla a la realidad.

- Si quieres vivir sigue al triciclo de Hizzt, ¿entendido? No te pares por nada y síguelo.

Asintiendo con la cabeza pisó a fondo el pedal y la caravana de triciclos salió de la mansión a toda velocidad en dirección a los muelles de carga. La situación era realmente deprimente. En el camino, Mokran pudo comprobar como toda la ciudad había enloquecido.

Los goblins corrían de un lado para otro gritando buscando dirigirse a sus casas para coger sus pertenencias más valiosas. Sin ellas se quedarían sin nada convirtiéndose en mendigos y a nadie le gustaba vivir como un mendigo. El día a día de este colectivo se basaba en la extorsión y las palizas entre las distintas bandas organizadas. Cualquier goblin con cabeza sabe que en esas peleas siempre hay muertos y tienes muchas papeletas para que el ganador seas tú.
Otra explosión del volcán hizo que la actividad de la marea se parara durante unos instantes para contemplar el furioso paisaje en el que se había convertido el volcán. El humo se iluminó de un color rojizo y....

- ¡Por lo que más quieras, acelera! -. Dijo abrochándose el cinturón.
- Si Jefe.

El triciclo comenzó a rugir mientras Jane no dejaba de tocar el claxon para que la gente tuviera tiempo de apartarse. No quedaba mucho tiempo para llegar a los muelles y, si llegaban, aún estaba por ver si Hizzt cumpliría su palabra o les dejaría de lado.

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Hasta aquí el capítulo 2. No dudeis en comentar los posibles fallos que veais en la historia y en dar vuestra opinión tanto si os ha gustado como si no.

Un saludo,
Y asi se queda? No puede ser. Anímate a escribir mas!

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